Todos los pueblos tienen sus tradiciones. Ya conocia yo algunas de las tradiciones españoles más bárbaras como eso de aventar a una cabra desde el campanario de la iglesia o lo de meterse en una jaula con miles de cohetitos explosionando o las ya conocidas una y mil maneras que tienen acá de torturar a los toros. Pero coincidiendo con el Solsticio de Verano, en el pequeño poblado de Pinto en las afueras de Madrid se celebra una de las fiestas más macabras a las que he tenido la suerte de asistir en mi vida. Con el pretexto de dar la bienvenida al verano y agradeccer a las fuerzas de la naturaleza por su benignidad se consagra el alma de un ser inocente hacia la eterna purificación. Con esto, segun cuenta la leyenda, se mantiene a los dioses contentos y se consiguen buenas cosechas. El bien de todos por el saacrificio de uno. O de "una" en este caso. ¿Se le habrán pegado estas costumbres a España de tanto tratar de combatirlas en otras latitudes, o será directamente una costumbre heredada de los tiempos oscuros de la Inquisición?

Primero la víctima es puesta en medio del escenario, rodeada por los señores del Fuego.

Esta foto muestra a la víctima (a la derecha) momentos antes de su sacrificio, repartiendo flores a manera de adiós al mundo. Se le ve contenta porque sabe que su vida por fin servirá para algo y pronto estará con los dioses. Yo le ofrecí ayudarla a huir pero resignada bajo la mirada y sacando fuerzas de flaqueza me dijo: "es mi destino Arturo, déjalo ser".

La joven virgen (bueno, siempre que se encuentre una) es ofrecida al Obelisco de Piedra o DIos Fálico que se puede ver en la parte superior.

Es increible las emociones que se mezclan en estos ritos, la gente lo vive como una verdadera experiencia mística y religiosa.

Luego de que se enciende el fuego, el lugar entero queda en silencio y se escuchan sólo el crujir del cuerpo achicharrado mientras se van apagando poco a poco los desesperados lamentos de la joven ofrendada. Los bomberos desde luego se mantienen alerta para evitar cualquier accidente, o "sacrificio no programado" como dicen ellos.

Una de las cosas que más me sorprendió es que la adoración al diablo se vive como una celebración familiar y hasta los más pequeños asisten a ella llevados por sus padres. Talvez no entiendan bien lo que pasa, pero sin duda es una de las lecciones más duras que tendrán que aprender a lo largo de sus vidas. Y así podrán mantener para siempre las orgullosas tradiciones de su pueblo.