martes, noviembre 15, 2005

Aventuras de un techno-nufrago calato 2: Welcome to Guayaquil!

Así que tome el bus y continué mi viaje... a donde el destino me lleve dije, al norte siempre, así que luego de cuatro horas de viaje, llegué a Guayaquil un poco triste, extrañaba a mi compañera de viaje, me la habían quitado con la excusa de que podía estar transportando sustancias ilegales en su interior... Sabemos quien eres azeta!, hemos leído tu blog!, para que más has venido a Tumbes???, la ketamina es mas fácil de conseguir allá hermano, así que mejor regrésate a Lima nomás!... fácil que te quieres ir hasta Montañita, no?, y yo que no, que yo quería ver con mis propios ojos la aurora boreal, bañarme en el mar con los pingüinos, que ya vería como me abrigo, que fácil mataba un oso y me cubría con su piel, que ya no me era suficiente ver todo eso por el national geographic, pero la cruel policía antidrogas peruana, no me permitió seguir viajando en mi embarcación personal, violando con eso todos mis derechos y mis izquierdos de navegar libre y pacíficamente por la costa peruana, con buenas intenciones y siempre apuntando al norte. así que esa tarde llegue a Guayaquil, eran las cuatro de la tarde y quince, con 24° de temperatura, lo recuerdo bien porque miré el reloj que estaba entrando a la ciudad, junto las estatuas de bronce que simulaban tres soldaditos (Larry, Mo y Curly?) eternamente izando una bandera, no de bronce, sino de tela, de otro modo, hubiera sido bien pesado izarla. Pero en realidad parecían las 6, todo nublado y no tan caluroso como pensaba, pues tuve que ponerme mi casaca. Lo primero que hice fue tomar un taxi hasta la 9 de Octubre, que era la avenida principal, dejar mis cosas en un cuchitril con "aire acondicionado" (si, las comillas son de sarcasmo) y "cable" (otra vez el sarcasmo)llamado HOtel "Ecuador" y luego pregunté donde quedaba el bar mas cercano, a cinco metros señor, así que esa fue mi primera noche no tan cálida en guayaquil, no tan sobria, no tan alegre, emborrachándome de pilseners, y cuando no había Pilseners de club verdes, las dos chelas mas populares por ahí, no tan distintas a las nuestras, pero muy efectivas para la soledad, esa noche deambule por la ciudad, hasta que se hizo de madrugada, había llegado el 31 de octubre, día de halloween, y no faltaban uno que otro alienado disfrazado o bar decorado malamente a la usanza... como si en el fondo les diera vergüenza, y como allá no se ve mal que los adultos usen mascaras durante estas fiestas yo me compré una de gorila, a lo mejor, inconscientemente para sentirme uno de ellos?, y así me fui lateando hasta el malecón y creo que me quede dormido al pie del mar, o del rió perdón, aullando a la luna, y vomitando hasta la ultima gota de pilsener, y de club verde cuando no había pilsener, hasta que una patadita de un guardia de seguridad del malecón me despertó. Oiga caballero, esta prohibido bañarse aquí, y mucho menos dormir aquí, y mucho menos aun sin ropa, que no ve que esta zona no esta apta?, si quiere darse un chapuzón váyase al malecón del salado, pero aquí no puede estar, y como ha pasado usted hasta aquí?, y como se llama usted y de donde es usted?, pero mientras me hablaba el guardia yo en cambio tenia los ojos puestos en la orilla pues no lo podía creer, o sea lo veía y no lo creía pues había ocurrido un milagro. Verdaderamente un milagro, o sea alguien había escuchado mis aullidos, porque mi yate ecológico, mi balsa, mi choche, mi compañera de viajes y aventuras estaba ahí otra vez, al verla me sobé los ojos, me pellizque, me rompí una botella en la cabeza incluso, para asegurarme que no estuviera soñando... y ya que ella se hacia la loca cuando la miraba, o estaba muy cansada del viaje seguramente, yo tome la iniciativa y fui corriendo hasta ella y la abrace y la bese un rato, y hasta estuve a punto de pedir si no podían dejarnos solos un momento, que diablos uno no puede tener nada de privacidad ahora... si no hubiera sido por la cara de amargo del vigilante que me dijo que me acabara de ir de una virgen santa vez, y que me llevara de paso mi mugrosa balsa que le afeaba la vista a los turistas, que allá abajo había un tacho de basura, que la dejara ahí al costado, que el camión se encargaría de recogerla, así que yo estuve a punto de partirle la mitra con la balsa pero como no estaba dispuesto a ensuciarla de sangre, solo mire al boquiflojo a los ojos y le dije fríamente, "esta vez, ganas la batalla, pero no te acostumbres, porque los ángeles y demonios que nos rodean, algunos días les gusta ayudarnos, pero otros revolcarnos en el fango de la miseria".

Entonces me fui, nos fuimos, mi balsa y yo, yo y mi balsa, caminado por ahí, de la mano, mientras yo le decía, no te preocupes, esta vez no te abandonare, no te voy a dejar pase lo que pase, mientras viva nada nos separara nunca más, y fue así como me la puse al hombro, sin roches, y fuimos a visitar la ciudad, fuimos al museo de Arte Contemporáneo que es un museazo, fuimos a almorzar, visitamos plazas y catedrales, eso si, tengo que decir que en ningún momento nos miraron mal, o me confundieron con un espía (digo, porque a mi siempre me confunden con todo), y eso que estaba tomando fotos a los edificios que parecieran importantes en pleno Guayaquil, tomaba fotos y preguntaba, y esto que es?, el congreso?, a no?, y quien trabaja aquí?, y cuantos guardias hay?, y que armamento tienen?, y que pasaría si un avión pasa volando a toda velocidad y tira una bomba sobre este edificio?, y preguntas de ese tipo, que la gente me contestaba sonriente luego de mirarme de pies a cabeza, en short, sayonaras (a las que ellos llaman zapatillas o sandalias, jamás como nosotros, en japonés) y con la balsa al hombro(es que no siempre había donde estacionarla). Ahí es cuando conocí a esta mon... a esta señorita tan mona, llamada Melisa quien me sirvió de guía y compañía durante mi estancia en aquella linda ciudad.
Melisa me mostró el malecón 2000, una especie de Larcomar, pero 10 veces mas grande y artístico, es decir un malecón de 3,000 metros de largo que va de la plaza de la latinoamericanidad, al lado de la antigua estación del tren hasta el Cerro Santa ANa, que no es sino una especie de San Cristóbal limeño, tocado por la varita mágica o el extreme makeover del municipio y la fundación malecón 2000 (que además tiene planeado re-construir próximamente el terra y el aeropuerto de la ciudad), y que habían convertido un sitio deprimente y cuasi lumpen, en un paseo disneylandiano, con una arquitectura ultramoderna, colores brillantes, harta seguridad y hasta con música saliendo de unos parlantitos ubicados en todos los postes de luz que lo acompañan a uno durante los 3 kilómetros de recorrido, que culminaba en el escalón 476 al pie del antiguo faro reconstruido, al pie de la antigua iglesia refaccionada y de la que se salía a través del nuevo barco pirata insertado en el cerro... todo esto a 300 metros sobre el nivel del mar, en medio del agua, que no es mar, sino río, porque Guayaquil esta dividido en varios guayaquilcitos por el excelentísimo rió Guayas (uno no nace sabiéndolo todo)... esteee... y disculpa mi ignorancia amiga, es que no soy de acá... y esta agua que rodea a la ciudad, es un río o es el mar mismo?, ay pues es el río, mano, de donde eres para irte a dejar!!, es que no me tienes paciencia, y tampoco me tienes un sitiecito donde pueda yo guardar mi yate ecológico por casualidad?, no sabes, que aquí en el yatch club local no me quisieron aceptar como socio?, si, si, esos condenados aniñados no saben ser amables con los turistas aunque sean peruanos, franco, pero como tu si sabes, tu si me vas a guardar mi balsita, no?

-Ya pues, por un par de dólares, nomás...

-Este... chévere... no habrá otra forma en que te pueda pagar? -dije levantando disimuladamente mis brazos, como quien se masajea levemente la nuca, cosa que ella tasaba mis sexy brazos bien torneados y bronceados

-MMMmmmm... sabes limpiar con ácido las maquinas industriales de un matadero?

-Dos dólares -dijiste, no?

-Mmmm... tres por sapo!

-Ja, ja, ja...


Y así fue como comencé mi amistad con Melissa. A quien prefiero mantener en el solapado anonimato para proteger su identidad. A propósito eso de Ecuador es una gran República bananera, ya casi no me cabe duda. Puesto que ni bien uno pasa Huaquillas, prácticamente hasta Durand, y aun después de esta, por varios kilómetros, hasta aproximarse a Guayaquil... todo lo que uno ve a un lado y a otro del camino -cuatro horas de viaje- son plátanos y más plátanos. Y hay que decir que en esto los ecuatorianos nos aventajan tecnológicamente en algo a los peruanos. Y es que allá los plátanos ya vienen embolsados, era una cosa qeu me arrepiento no haber fotografiado en su debido momento, pero como les digo puro plátano y en bolsa, supongo que se ahorran algo de tiempo a la hora de empacarlo. Cosa de la genética , de brujería que será, pero eso yo no lo había visto  en ninguna parte, allá todos los plátanos, vienen embolsados desde los árboles ya, había bolsas, de una, dos y tres manos, hasta las de medio kilo y java llena. Un poco mas y les ponían
su etiqueta con código de barras y uno los bajaba del árbol y luego pasaba por caja. Porque los ecuatorianos sí que comen harto plátano, seco de chivo con plátano, chifles, pescado con plátano, salchicha con plátano (chuzos), plátano amasado, dulce salado, ácido, amargo, en sopa, en guiso, frito, asado, de todo tipo y de toda forma, pero en general, podría decir que extrañe bastante la comida limeña... ah!, allá a las hamburguesas le ponen cebolla!!, al arroz le ponen lentejas (o moros), y al jugo le ponen palta. Fuera de eso lo bueno es que tienen pescado fresco, lo malo es que hay que buscarlo, después de todo en los días que estuve jamás vi a un pescador de los dos o tres que vi, regresar muy sonriente que digamos a la orilla, yo creo que solo estaban ahí, para hacer creer a los turistas que hay vida indefinida en algún lugar dentro de aquellas no profundas aguas, y en realidad ninguna de aquellas teorías que esbocé aquella noche fueron refutadas por Melisa, con quien aquella noche hicimos simbólicamente a un lado todo aquello del falso paquisha, la guerra del Cenepa y la Grandísima Colombia, y simplemente nos fumamos la pipa de la paz, ella yo y mi balsa, (ya se imaginarán de qué estaba llena esa pipa), y se podía ver a lo lejos lo felices que estábamos los tres, flotando quietamente sobre las aguas del Guayas bajo el cielo estrellado de la noche costera y se podría decir que nos dejamos llevar por lo que sentíamos dentro de nosotros esa noche, y esa noche dentro de nosotros se dejaba llevar a su vez, por lo que nosotros sentíamos y nunca olvidaremos.
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Aquí, mi amiga guayaquileña y yo en un extremo del Malecon 2,000, detrás nuestro las luces del Cerro Santa Ana, incluyendo las del faro y la capilla, a la que se puede subir a cualquier hora de la noche, porque está resguardado por la policía, bien iluminado y además porque segun me contaron la ciudad tiene un régimen de cero tolerancia contra la delincuencia, por ejemplo si te ven metiendo mano a la cartera de una señora, te cortan la mano; si te ven tirando perro muerto o "metiendo cabeza" en algun restaurant te cortan la cabeza y así... bueno exageraré, pero por siacaso yo no me atrevi NI UNA SOLA VEZ a tirar un papel a la calle.

8 comentarios:

gang dijo...

que envidia carajo.
grande azeta!

F dijo...

esa amiga guayaquileña
tiene mucho maquillaje...

(en serio vas a tener un programa de viajes como rafo leon?)

el_azeta dijo...

aahh... ya sabes como son las mujeres....

Anónimo dijo...

Ya te estoy conociendo, pero la mona, es Carla?

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

Very pretty site! Keep working. thnx!
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Anónimo dijo...

Para ser peruano, muy bien hablaste de Guayaquil!!. Te olvidaste de ir al malecón del salado!!.

Anónimo dijo...

No me respondiste, pero si es Carla.Por qué la mascara que tratas de esconder de ella?