miércoles, diciembre 17, 2008

Breve historia personal de la Internet

Esto es un texto que he escrito para que sea leido en la presentacion del libro de mi amigo Cesar Bedón, al que le deseo harta suerte.

Breve historia personal de la Internet o de “como no me gustaba el mundo en el que vivia, que me inventé uno, y me fui a vivir a él”

Probablemente hay sólo una de aquellas “cosas importantes” en la vida que realmente podemos elegir de manera conciente y libre: la amistad. En el sentido de que casi todo lo que nos ata a un amigo, corresponde meramente al plano mental y emocional. No debemos confundir a un socio con un amigo, pues a estos dos los une una empresa en común. Tampoco confundir a un compañero de estudios, o un colega del trabajo pues a estos los une el destino, y con el tiempo, los unirán los recuerdos. Lo mismo se puede decir de aquel vecino conversador con el que nos gusta pasar el tiempo en la esquina, y talvez hasta beber cerveza de vez en cuando. Ese es sólo “un pata”, lo que no es poca cosa tampoco desde luego. Demás esta decir también que por más que queramos a nuestros padres, hermanos, primos y tíos, lo que hay entre unos y otros es una relación diferente de la amistad. La amistad no se hereda, la amistad no se impone. La “amistad” simplemente “se hace”. Y punto.

Esta palabra: “amistad” es una enteramente relevante para la ocasión que esta noche nos convoca.

Porque está claro que Cesar es mi amigo, ¿a quién si no se le ocurriría poner algo que yo he escrito en un libro suyo?

La primera vez que vi a Cesar fue a través de una foto en Caretas, no sabia quién era ese tio, pero tenia la pinta de haberse levantado recién, y haber sido sorprendido durante el desayuno, incluso se lo dije algún tiempo después cuando estábamos en su cocina…

-Aquí es donde te tomaron la foto esa los de la revista, ¿no?
-Si.-me dijo- ahi mismo, sentado comiendo mis cereales.

Bueno, la verdad no recuerdo si me habló de los cereales, o de la araña de plástico que sale en la foto también, o del mantel, o del televisor, o si había otra persona ahí con nosotros aquella tarde. A fuerza de intentar reconstruir mentalmente aquella escena en mi cabeza después de tanto tiempo debo de haber terminado confundiendo la realidad con la propia ficción.

Pero esto si lo recuerdo perfectamente porque esa primera vez que vi su foto, senti como si ya le conociera de mucho antes. Fue una sensación muy extraña, pero más extraño fue comprobar luego que ya le conocía a través de la Internet. Bueno, no exactamente a él, si no a su forma de escribir.

Resulta, que al igual que yo, él formaba parte de la lista de Literatura de la RCP. Un grupo de personas aficionadas a la literatura, que querían formar algo así como una especie de “club de lectura” y que se comunicaban frecuentemente a través del computador. Unos “nerds” en otras palabras, con el perdón de los aludidos, entre los cuales me incluyo.

EL hecho de que fuera yo –y no cualquier otro- quien iniciara esta lista, se me hace algo meramente casual. Especialmente alguno de los que seguramente están por aquí esta noche, compartiendo con Cesar este momento en el que yo también estoy. Estoy si, pero sin estar.

Y es así pues, aunque a pesar de encontrarme a miles de kilómetros de distancia –interponiéndose incluso un Océano entre nuestras personas- mis pensamientos, y con suerte también mis emociones son capaces de llegar a ustedes- a través de las infinitas posibilidades combinatorias de apenas veintitantos pocos símbolos que conforman nuestro alfabeto. En otras palabras, gracias a la representación grafica de aquello, que yo considero el artilugio mas importante, por sobre todos, de los inventados por el hombre desde sus más calatos orígenes hasta el presente. Un arma de doble filo, el útero de toda nuestra cultura, capaz de parir con igual arte, tanto la expresión más sublime de nuestra humanidad, como lo mas horrible y ruin de nuestra existencia: Señoras y señores, no hablo de otra cosa, sino de la tan devaluada “palabra”.

¿Acaso no es así como empezó todo esto?

Corría el año 1996, y cierto practicante de Derecho insatisfecho con su rol trabajando para una importante empresa petrolera, de esas que se gastan fortunas en mantenernos mal informados y desunidos con tal de continuar chupandole la sangre al planeta, piensa que podría conocer a otras personas con inquietudes similares a las suyas. Con preguntas similares a las suyas. Piensa que podría estirar un poco la mano y darse cuenta que había alguien mas al otro lado de la máquina estirando la mano también.

Así que este chico –para preocupación de su familia- empieza a pasar cada vez más tiempo frente al ordenador, casi no sale de su habitación, y durante algún tiempo llegaria a despertarse varias veces incluso de madrugada sólo para ver si tiene algún mensajito de esos raros que recibe de gente a la que ni siquiera conoce.

¿Estará volviéndose loco?

Recordemos que en aquella época Google ni siquiera existía, y Yahoo apenas tenia competencia en el rubro de buscadores. Los Hotmail no llegaban aun ni siquiera a los diez mil y la carrera de competencia desleal de Microsoft apenas acababa de empezar. El navegador más usado era Netscape y aun no se había implementado el sistema para hacer pagos a través de la Red, algo tan común hoy día tanto para hacer el mercado, como para acceder a portales con contenido de pago, que la verdad, ya ni siquiera nos soprende. En otras palabras, en 1996, la Internet era en su mayoría cosa de chicos como aquel que pasaba demasiado tiempo en su cuarto y que aparentemente no tenia una vida social como el resto de la gente. El sentido comercial de la Red no estaba del todo claro aun, pues aunque la Internet parecía ser un juguete maravilloso para algunos, la verdad no se sabia bien si iba a “pegar” o no, mas allá de un pequeño grupo de aficionados a la informática. Probablemente pasaría pronto de moda y un día nadie se acordaría de ella.

Dicho de otro modo, aunque hubiese la sensación de que era algo completamente diferente a lo que existia hasta aquel entonces, nadie sabia para qué servía, así que la gente que lo usaba se puso a pensar para qué podía servir. Pero mientras lo pensaban, vinieron las grandes empresas y les dijeron para lo que la Internet servia: La internet sirve para hacer amigos les dijeron, y todo el mundo lo creyó. La internet sirve para formar grupitos de gente con intereses comunes, ¡por supuesto!, homeopatía, el poder de las piedras, cómo hacerte las trenzas rastas y muchas cosas más… ¡ni te imaginas!, y, bueno… ¡ah y también sirve para… para pedir las pizzas pues!, claro, ¡qué modernos somos!, ¿no?… sí, y… ¡Ah, y para conseguir pareja también!, ¡claro! la Internet es una increíble herramienta para “computar” y de paso poner tus fotitos en ropa interior para que todo el mundo las vea… Ah, la Internet también sirve para oír música y ver películas, ¡siempre y cuando pagues por ellas!, dijeron las grandes empresas. Y no creo que eso este mal tampoco.

Sólo que mientras tanto los buscadores, léase principalmente Yahoo y Google empezaron a vender al mejor postor los resultados de tus búsquedas. Así que las pequeñas páginas personales dejaron de aparecer, y con el tiempo, de hacerse. Youtube empezó a colaborar con el gobierno chino en busca de disidentes. Hotmail empezó a vender tus datos a empresas que te quieren vender Viagra y la CIA a rebuscar en tus mensajes personales en nombre de “la defensa de la libertad”, ni mas ni menos…

Así están las cosas en el mundo de hoy. Hemos sido colonizados, hasta en el mundo digital.

¿Y en el Perú?

Pues la situación –al igual que en el resto del mundo- tampoco es como para dormirnos en nuestros laureles. Una vez tuvimos a la RCP y a su proyecto de democratizar el acceso a Internet, pero que por falta de apoyo, interés o visión fracasó. Esto es el siglo XXI señores y si una empresa no cumple con ciertos objetivos financieros pues… ¡que se joda!... ¡total, es sólo la educación del pueblo lo que esta en juego!

Existen - sin embargo- pequeñas empresas proveedoras de servicios, que vienen dando la lucha a su manera, y algo me dice, que mientras éstas sigan existiendo habrá esperanza. Con todo, los grandes proveedores de Internet –acceso y contenido- siguen siendo unos pocos, y por todos bien conocidos, por lo que paradójicamente aunque la Red se extienda cada vez más y más por el mundo, la verdad es que nos movemos cada vez en un circuito más y más pequeño. Aquello, desde luego permite a los grupos de poder –a través del dinero- tenerlo todo más fácil a la hora de controlar la información que circula a través de la Red. Y de paso, tenernos controlados a nosotros también.

No quisiera excederme dando mi visión particular –y talvez pesimista- de la Internet así que voy a dejarlos a ustedes con la última palabra al respecto, pero eso si les voy a pedir que no dejen que nos la roben. Que no dejen que nos digan para qué sirve, que las grandes empresas de comunicación no cuadriculen nuestra mente, no dejemos que nos roben la libertad de expresión, que usemos la Red para algo más que buscar películas, música o sexo. Que eso no tiene nada de malo, pero que la Internet necesita también PALABRAS. Recordemos sobre todo que la INTERNET es más que Hardware y Software… es la gente que la usa! Y la internet no sólo se usa, sino que además se construye cada vez que nos conectamos. Que no nos tengan preocupados solamente con la velocidad de conexión o el ancho de banda. Señores que no falten en la Internet: palabras… hermosas palabras cuyo significado no tenemos resuelto aun del todo, como por ejemplo “imaginación”, “revolución”, “reflexión”, “comprensión”, “tolerancia”, “independencia”, “solidaridad” y por supuesto “amistad”.

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