DIARIO DE VIAJE
JUL 28 -2014
Palma de Mallorca
Más que un comienzo, esto parece un final. Es raro, justo cuando vas a partir, sentir que en realidad estás llegando a algún otro sitio. He dudado mucho en empezar este viaje, debido a cierta situación que estoy atravesando. Pero he llegado a la conclusión de que me arrepentiré toda la vida también, si no parto mañana al África, con mi amigo Miguel. Hoy me han pinchado tres vacunas: En el brazo derecho, la vacuna contra la hepatitis A y en el brazo izquierdo contra el tétano y la fiebre amarilla. Y también me han recetado unas pastillas: Malarone. Deberé de tomarlas todos los días para evitar el riesgo de malaria. Incluso desde unos días antes del viaje. Pero no he tomado ninguna aun. Aunque sé que debí haber empezado ayer. No me preocupa mucho la malaria en realidad. Me preocupan, otras cosas, como no tener aún la visa para Senegal, nuestro anhelado destino. De mi visa, sólo tenemos, el recibo electrónico de haberla pagado. Y, según he averiguado podría tener algunos problemas para entrar. Es uno de los riesgos de dejar los detalles importantes para última hora. Soy peruano, y qué casualidad: Hoy es el Día Nacional de mi patria. ¡Viva el Perú!
JULIO 29 PALMA (aun) Mi mañana un poco rara de todos modos. Como de costumbre. Casi no dormí. Me pasé la noche sentado frente a la tv completamente apagada pensando en qué empacar y qué no. Y eso que es una buena tv, con internet y juegos. Por la noche, me distraigo viendo por el balcón a las palmeras y a las luces de los mástiles de los yates que están atracados en el paseo marítimo. De tanto en tanto, como pequeñas violetas fugaces, aparecen en el aire los juguetes que los senegaleses y nigerianos venden en la plaza a los turistas. Unos tal vez hayan venido en yates o cruceros a este lugar, otros tal vez hayan llegado hasta aca en avión, o nacido en esta isla también. Pero hay otros que probablemente hayan llegado en pateras, apretados y no tengan dónde dormir, ni qué comer. Todos juntos pasan la noche en paz, frente a las serenas terrazas de la Plaza Lonja. La casa está limpia y hay comida caliente en la cocina. Pero yo estoy solo, y no tengo hambre. Me siento solo. No esa soledad de “qué solo estoy en el mundo, qué solo me han dejado todos”. No, esa no tengo derecho a sentirla. Es más bien una especie de soledad más específica, algo que me hace sentir que esta casa es demasiado grande para mí solo. Aunque sea un estudio, y no tenga más de 80 mº. Y me costará mucho salir. No sé si mencionar esto aquí, pero escribí al menos dos cartas para la persona con la que había estado viviendo hasta entonces. Al final las rompí. Reviso -una vez más- todo con la mirada y me cercioro que no queden restos de comida, ni desperdicios por ahí. Después de todo el viaje, durará al menos un mes. Y la última vez que había llegado de viaje, un par de semanas atrás, había cucarachas cerca a la basura y comida pudriéndose en el microondas. Fue asqueroso.
PALMA DE MALLORCA– aeropuerto La sobrina de Miguel nos llevó amablemente en su coche al aeropuerto. Durante todo el camino ellos conversaron de lo lindo en mallorquín y yo no me enteré de nada. Casi todo el camino viajé durmiendo. Estaba muy cansado. Más de lo que me había dado cuenta.
VALENCIA Recuerdo subir y sentarme en el avión. Y lo próximo que vi es que ya estábamos volando. Sólo estaremos aquí 40 minutos antes de embarcar para Marruecos. El avión de Air Maroc que nos llevará se ve antiguo y pequeño.
CASABLANCA Este avión fue más grande, cómodo y ventilado que el anterior. Tres horas de espera en un aeropuerto pequeñísimo. Me distraigo viendo a los hombres y mujeres bereberes con sus trajes, tan cómodamente sentados en el aeropuerto. También hay africanos vestidos como verdaderas estrellas del pop. Ya sabes, sombreros, alhajas, ropa de marca y auriculares enormes. Como los que me gustan a mí también. Viajamos a Senegal, al país del Wolof, los Mandinga y también del Rally automotriz más famoso del mundo. Que dicho sea de paso ya no se hace acá. Vamos a relajarnos, a descubrir, vamos a tomar fotos, a huir de la monotonía de nuestras vidas, vamos a conquistar Africa. No sé más.
DAKAR (media noche en un pequeño aeropuerto senegalés) Este sitio es el tercer mundo pegándote en la cara lo más fuerte que te puedas imaginar. Algo me decía que no viniera y no me hice caso. Espero que la próxima me escuche más. Llevamos una hora al menos en la aduana queriendo pasar. Y aparece el jefe diciendo que lo mínimo habría que esperar aquí toda la noche hasta que me aprueben la visa, o que venga el otro jefe. Solo con la hoja del pago realizado no me dejan pasar y era lo que temía. Debí haberme fijado yo mismo en el tema de la visa. Nunca me había pasado algo parecido. Joder.
DAKAR 4AM – SALON PRESTIGE DEL AEROPUERTO Hay cosas que hay que ver para creer. A eso de la 1 am un oficial nos ofreció ir a una sala “vip” con sofás, bar, tv y aire acondicionado. Aquí dentro del aeropuerto. La estancia en la sala tiene un precio de 10 euros por persona. Lo que le da a cada uno, el derecho a permanecer ahí hasta 3 horas más una bebida. Nosotros hemos pedido Heineken y Red Bull. Es como una cárcel pero sin rejas, ya que tampoco podemos ir a ningún otro sitio, ni salir del aeropuerto. Miguel se siente culpable y me acompaña en todo momento aunque podría haberse ido al hotel que teníamos reservado para dormir mejor. También hay otros africanos, saudíes y una asiática. Y también una mujer con pinta de europea que no se separa de sus maletas envueltas en plástico. NO sé por qué estarán ahí. Me imagino que todos estaremos por algo parecido. Sea lo que eso sea. 5:40 am Hace un momento, un policía vino a decirnos que mañana (hoy) a eso de las 9 o 10 de la mañana vendría otro policía, de nombre Ousabi o algos así. Según nos dijo, él iría con Miguel al centro de la ciudad para “acelerar” mi visado. Me preocupa lo que dice desde todos los puntos de vista. ¿Otro jefe?, ¿Mañana?, ¿Acelerar? Al menos es lo que ambos hemos creído entender. Es increíble ver como ocurren las cosas aquí. Los burócratas se creen reyes y todos van a su propio ritmo. Todos los países en vías de desarrollo son iguales. Bestiales, colonizados, irracionales. Como aquel, típicamente, donde yo nací hace muchos año.
8:10 am DAKAR AIRPORT (AUN) Hace un momento tratamos de ver si había “alguna respuesta” de la visa o del tal Ousabi. Así que distraídamente dejamos la sala VIP y fuimos a la sala de llegada. Estas personas apenas se inmutan mientras les hablas. Como si te hicieran un favor sólo por responderte. Uno nos señaló a otro y nos dijo que ése era el jefe de turno. Así que fuimos tras él, prácticamente persiguiéndolo de un lado a otro durante un momento de una forma casi cómica, porque andaba como si quisiera deshacerse de nosotros, hasta que este “jefe” miró su reloj y nos dijo que en una hora llegaría “su jefe” para que mire los papeles. He llegado a pensar que nos están vacilando. Una pequeña alegría hace poco fue descubrir que al menos había wifi en este lugar. Y me he puesto a contestar y a escribir WhatsApp. Sería una pena tener que irse ahora después de casi todo un día de viaje y esas malditas horas de espera. La sala Prestige me recuerda al lobby de un hotel lleno de televisores, aires acondicionados y sofás. Donde se dice recepción, que se diga barra. Ahí sirven las bebidas. En el medio de la habitación están los baños, que son forma circular y donde parece que ponen un papel higiénico al día y no más. Si hay algo que no se echa en falta aquí son colas, desorden y tratos diferentes según quien seas. Y eso no es justo para nadie. Recuerdo que había una chica en el avión, muy guapa, con uno de esos vestidos de tonos anaranjados y con un tocado en conjunto. Cuando el avión se detuvo avanzó prácticamente empujando a las personas que había en medio del avión. Luego ella y su marido subieron en un autobús exclusivo para ellos, mientras todos los demás viajeros nos apretujamos en otro. Y, -por ultimo- al momento de mostrar pasaportes, un policía les abrió paso entre los demás viajeros para que les atendieran primero ellos. Al parecer eran gente importante. O algo así.
16.00 aeropuerto de Dakar (uuf..) Sí, seguimos aquí en la sala Prestige, ubicada al lado de la sala de embarques. La única felicidad del día ha sido pedir pescado frito con arroz y dos cervezas en la cafetería del aeropuerto. La única que hay. Sigo casi sin pegar ojo. Ha venido otro oficial a decirnos que a las 23:00 horas embarcamos de vuelta a España. Aunque el plan a estas alturas es pirarnos a Casablanca. Eso no tiene cómo salir mal. O eso espero. Me arrepiento mucho de no haber traído nada para leer, pero al menos si vamos a Marruecos sé que ahí habrá más diversión.
22.00 Aeropuerto de Dakar (bye, bye?) Las únicas almas simpáticas de este aeropuerto han sido las limpiadoras. Hace un par de horas fui al baño y me dieron conversación cuando Salí. Estaban comiendo pan con Nutella, las tres y una me ofreció de todo corazón, su bocadillo y algo de té. Casi se me saltan las lágrimas. Les preocupaba que pudiera estar pasando hambre tantas horas retenido en el aeropuerto. Me preguntaron que cómo me sentía, que si me podían ayudar en algo. Les dije que estaba muy triste porque no podría conocer su país. Y que si había algo que me vendría bien de ellas en ese momento seria por lo menos un abrazo. Entonces vi como asentaban la cabeza, yo tenía razón, le dije a una sobre todo que me parecía las más guapa y dulce, que era muy bonita. Ella se rio y su respuesta me sorprendió un poco, aunque claro yo no hablo mucho francés, ni menos Wolof. Pero creo que me dijo que todo podía pasar. Me dieron mucha confianza, así que las abracé, sin llamar mucho la atención, porque todo pasaba fuera del baño mientras la gente entraba y salía. Y las besé a todas cerca de la boca y sentí su calor y su sudor. Y eso me ha hecho feliz. Y ahí aproveché para hacerme otra foto y enviársela a mi madre, porque anteriormente también le envié una foto mía. Tres días atrás exactamente. Donde según ella se me veía triste. Y quería cambiar esa impresión. Ahora sé que tengo que poner fin a algo que tal vez nunca empezó, ¿o sí? Soy capaz de odiar tanto como quiero… ¿Qué va a ser de mí? Sé que Miguel será un buen compañero de viaje. Sera pequeño y de apariencia débil, pero es perseverante y estable. Yo soy grande y fuerte, pero creo que ninguna de esas otras dos cosas. ¿Cómo será si alguna vez no es así? Juntos pensamos reconquistar Marruecos, pero no para España, sólo para el Reino de Mallorca. Entendiendo que somos nosotros los reyes de la isla. Él me ha dicho que la idea de viajar conmigo le parecía fantástica. No sé qué más hacer para que el tiempo transcurra más rápido en este maldito aeropuerto. He comprado dulces a base de Baobab, uno de ellos con sabor a Baobab y a jengibre. Eso también me parece mágico. Porque el Baobab me hace recordar cuando leí el Principito. Y durante mucho tiempo pensé que el Baobab no existía, que era una invención del escritor. Hasta que una tarde paseando por Lavapiés con una exnovia, descubrí una tienda de helados con los sabores más exóticos que había visto en mi vida. Hasta ese momento claro. Uno de ellos era el de Baobab. De pronto he comenzado a pensar en helados. Cualquiera que me conozca algo hoy por hoy, sabe que me encantan. Y que a veces por eso se meten en mi mente incluso cuando yo no quiero. Como por ejemplo ahora. Madre mía, que ganas… En Pere Garau, en Palma, hay una tienda de una familia africana, ellos importan Baobab de Senegal. Me encanta tomarlo porque es una gran fuente de energía. El problema es que tiene unas semillas muy duras. Y eso ya me ha costado al menos las cuchillas de tres mezcladoras, al querer hacerme algún batido de Principito con leche, que diga, de Baobab con leche.
1ro AGOSTO MARRUECOS (FINALMENTE) Luego de estar unas 26 horas en el aeropuerto de Dakar. Finamente nos (me) soltaron de vuelta a Casablanca, por donde ya habíamos pasado dos días antes. Aquí hemos pasado el día caminando, prácticamente al lado del mar, y llegamos hasta la Gran Mezquita Hassan 2. Luego a la Plaza de Mohamed V, subimos a lo alto de la Catedral Católica- Galería más bien gratuita, pero donde nos cobraron unos 20 Dírham c/u para subir hasta el techo de la iglesia. Nunca había estado en el techo de una iglesia. Aunque había visto la catedral de Palma de Mallorca grabada por un drone en el YouTube. Las vistas ahí arriba eran fantásticas. Yo me paré cerca del borde para tomar unas fotos y Miguel se puso tan nervioso que casi vomita. Luego a la bajada, vimos que había mucha pareja sentada en el parque, pero ninguna se besaba ni se tocaba. No es que me interesen los cariños que se pueda dar una pareja en la oscuridad de un parque. Sólo era extraño. No sé por qué. El parque que está a continuación, está lleno de cochecitos de alquiler para niños. Esos cochecitos llenos de luces, controlados a control remoto, por sus dueños. Que suelen ser chicos jóvenes, que también podrían estar trabajando para alguien más, claro. Algunos tienen uno o dos, pero hay quien puede tener 20 o 30. Diría yo que este es un negocio viento en popa, en las noches de verano de Casablanca. Ahí mismo en el parque Mohammed V, en el centro de la ciudad, rodeados de edificios oficiales, como el ministerio de Justicia, el Ayuntamiento, y lo que parecía ser una especie de Ministerio de Agricultura, al lado de una de las avenidas más importantes de la ciudad, comimos escargots, de carretilla, y bebimos zumo de naranja, de carretilla también. Y luego nos sentamos un rato a contemplar a unos jóvenes que boxeaban deportivamente y de forma completamente amateur, en el centro de la plaza. También comimos mucho higo chumbo y fuimos por el zoco y llegamos al borde del mar. Finalmente comimos un shawarma plat con ensalada extra y agua grande, todo por 100 Dírham. Cuando regresábamos al hotel se nos acercó en la calle un tipo que nos ofreció costo. Yo creo que nos quería marear. Nos habló de que había policía secreta, de que se arriesgaba mucho. De que nadie nos vendería. Y finalmente le pillé 200 dírham, por una cantidad que no debía de llegar ni a los dos gramos. En realidad, le pagué para que nos dejase en paz. Porque sabía que se quería pasar de listo con nosotros. Pero también porque me gusta mucho la marihuana. Y me cuesta trabajo decir que “no” cada vez que me la ofrecen. Mucho menos cuando estoy de vacaciones. Así que pillamos y nos vinimos a nuestro hotel a probarla. El Hotel Al Mamoun, cerca de la Plaza de las Naciones Unidas, en el centro de Casablanca. Sólo he fumado yo, claro. Miguel no es de fumar en realidad. A él le basta una cerveza -o dos- de vez en cuando para estar contento. Así que luego habrá que ir a buscar algún bar para ser equitativos. De momento, yo estoy aquí sentado en el trono del baño, probando el excelente costo de Casablanca. Cago, fumo y escribo. Triunvirato del placer.
DIA 2 (de Agosto y de Casablanca) Vuelta nocturna por la ciudad, nos perdimos, pero regresamos a la ruta y llegamos bien. La ciudad de noche es otra cosa. Bien descansado es otra cosa. Hoy llegamos hasta el Far de Casablanca, luego de dos horas de camino, a pie por la costa. Pero estaría cerrado -una hora más- hasta las 2 pm cuando llegaría el guardia, que había ido a rezar. Nos quedamos un rato, reconociendo que estaba nublado y que aunque subiésemos la vista no sería la óptima. Yo estaba algo cansado de tanto camino de tierra y tanto mal olor. Porque los desagües están cerca y algunas personas por aquí tiran toda la basura al mar, y huele fatal. Así que nos fuimos. Sin embargo, por más miserable que fuera el sitio, la gente seguía pareciéndome educada y simpática y eso me daba tranquilidad. Luego paramos a tomar un chai en un bar donde el tendero no hablaba ni francés, ni inglés, ni castellano, ni italiano, ni nada que supiéramos, pero como siempre nos hicimos entender. Y luego hemos topado un cementerio católico en ruinas, y en la medina terminamos comiendo un cous-cous buenísimo También he visto a unos niños patinando por la plaza de las Naciones unidas que parece que fueran a ser atropellados en cualquier momento, se cogen de los coches y van por la carretera que nadie respeta. Por la noche repetimos la ración de scargots (20 dírhams c/U) y le hemos echado un ojo al pollo a la brasa que venden por todos lados. No sabemos qué especies le ponen, pero hay una que parece gusanillos blancos y que es algo amarga. El hotel tiene wifi. Le he hecho escuchar mi música a Miguel y le ha gustado creo. Yo que pensaba que sería imposible sacarlo de Miguel Bosé y el soundtrack de Jesucristo Superstar. Wow. A dormir
DIA 3 -CASABLANCA Por donde vayas, dentro de la Medina, oirás que te llaman para ofrecerte algo, lámparas, comida, protección, drogas… hola, amigo, ¿Porro?, ¿Chocolate?, ¿Amigo, de dónde eres?, ¿English?, ¿Française?, ¿Qué idioma hablas? Algunos son muy listos y aciertan hasta con la nacionalidad…. Pero la mía era muy difícil… ¿Argentino o peruano?, me descubrió uno y vaya si me sorprendió. -¿Qué tal?, ¿De vacaciones?, ¿Qué están buscando?, ¿Algo rico para fumar? -No, que no tengo el dinero -les digo- que sois muy pesados. Que a mí me gusta mucho el porro, no me agobiéis, no me voy a gastar todo el dinero en eso… ¡dejarme en paz! At the hotel now. Je suis péruvien. Tengo una ensalada mental por los idiomas y esto apenas está empezando. La necesidad de comunicarse crea una especie de tensión que cansa. Como ahora que casi nos peleamos con un guardia en la estación de Mekka, cerca de la universidad de la ciudad. Nosotros queríamos saber cuáles eran las siguientes estaciones del metro y por alguna razón el hombre creía que nos queríamos colar sin pagar. La cosa se puso fea cuando se puso a hablarme en árabe. Y tuve la impresión por un segundo que él pensaba que yo era uno del lugar. Y que me hacia el tonto. Creo que eso me pasa por tener rasgos tan árabes. Herencia probable de algún pirata o marinero que desembarcara en el Callao algunos siglos atrás. Luego terminé gritándole a un camarero porque se tardaba demasiado en traer mi helado. Recuerdo haberle pedido amablemente dos zumos de naranja y dos helados, y solo trajo uno de cada. Y había 40 grados de temperatura. El jovencito pulcro, uniformado de camarero, con pantalón negro, camisa de rayas y pajarita, sonreía mucho pero no traía nada. Así que le grité algo así como “Que ’est que il y a ton tête?” queriendo decir algo así como “¿Qué hay en tu cabeza?” Yo hablo muy poco francés y me imagino que además de pensar que soy un pedante se habrá dado cuenta que soy un ignorante de la lengua gala. Pues estoy seguro de que así no se dice. Por lo demás el helado, aquí muy rico, pero algo caro, comparado con los que venden a pie de calle. Al final comimos uno de chocolate, coco y otro que no entendí bien pero era como anaranjado, rojizo y se parecía a la lúcuma. Solo que llevo años sin comer lúcumas y por eso me queda la duda. Porque en realidad no sé si hay lúcumas en África. Hoy también intentamos llegar hasta las oficinas de Air Maroc, y lo conseguimos, con la ayuda de Google Maps. Luego de que me descargara al mapa de Casablanca en mi móvil con el wifi del hotel. El plan en un rato es ir a ver la puesta de sol a la zona de la Mezquita, es decir, a pie del mar. Tout va bien, Je suis un poco traurig, aber life is short, we must enjoy while we can. I don’t want to feel sad, but my fucking heart is somewhere else right now (that’d be in Spain). ¡Demasiado que escribir el día de hoy! También tengo que contar que aquí es raro ver a alguien con pantalón corto. Incluso en verano. Es raro incluso que algún hombre, y sobre todo mujer, enseñe los hombros. En pleno verano. Aunque creo que eso ya lo dije. ¡Ni siquiera en la playa! Y tengo que reconocer que empiezan a hacerme sentir casi algo exhibicionista. Pues yo voy por aquí como me gusta ir en verano. De abajo para arriba: chanclas, pantaloncillo, camiseta sin mangas y gorra. Miguel un poco más recatado en ese sentido, suele llevar un pantalón ancho, que se ha comprado aquí en el mercado por 5 euros, al cambio. Y después de regatear meda hora, claro. Zapatillas deportiva,s pues las chanclas le causan dolor de pies al caminar, y luego se pone alguna camiseta de las muchas coloreadas y alegres que ha traído al viaje. A mí me llaman la atención pues solo suelo llevar las de colores enteros: negro, azul, blanco, o como mucho verde militar. Cuestión de gustos. Lo peor de todo es que yo ni siquiera he traído pantalones largos, excepto uno, de chándal, ya me dirán para qué me sirve si voy en chanclas todo el día. Pero la verdad, aunque no lo creáis esa es la combinación favorita de la gente del lugar. Chándal con chanclas. Porque es lo más cómodo y así no se ven obligados a enseñar las piernas. Good Bye.
4 AGOSTO -RABAT Not even they can stop me now Hoy llegamos en bus desde Casablanca. Partimos en el bus de las 12, que salió finalmente a las 12:20. Y que tardaba cuatro horas. Aunque llegamos a las 6. En la estación de autobuses, gare de routiere, como le dicen ellos, todo era en árabe y no fue tan sencillo hacerse entender, pero todo salió bien. Una vez en Rabat, andamos un buen rato a pie, y luego llegamos a la Medina antigua en autobús, donde tomamos el primer hotel que tuviera alguna habitación libre, pues estábamos verdaderamente cansados. Y fue así como llegamos al hotel Alger: pequeño, barato, limpio, sin ratas, espero. Tiene los mismos 23 canales de cable que había en Casablanca. Luego de caminar en procesión por el zoco de la Medina más o menos una hora llegamos al mar. Encumbrada por la fabulosa Kasbah azul, la playa tiene varias orillas y pequeños islotes a mitad del camino. En realidad la forma en que entra el agua por aquí hace que esto parezca un rio. Hay barcas que te llevan de paseo y puentes para cruzar al otro lado. La arena es un lugar vibrante, repleto de niños, ferias, mercadillos, vendedores ambulantes. Los hombres jóvenes juegan mayormente a la pelota, o hacen flexiones antes de entrar al agua. Las mujeres suelen juntarse a la orilla, y no se quitan sus vestidos, ni los pañuelos, están sentadas en la arena, o mojándose en la orilla. Me pregunto si no detestarán irse mojadas a casa. Debo de estar mimetizándome muy bien porque hace un rato alguien aquí me preguntó la hora en árabe. Y Atiha, una mujer que viven en lo alto de la Kasbah y que nos abrió su casa para contemplar el mar, me dijo que yo podría pasar por un marroquí, sino abro la boca, claro. Atiha fue muy amable, nos vió haciendo unas fotos, y al ver, que por la hora, nos habían cerrado el acceso al mirador principal, nos dió conversación y luego nos ofreció algo de té. No tenía velo, y se veía que era una mujer muy educada. Nos dijo que había ido a la universidad, que su hija también estaba en la universidad y que su marido era extranjero, aunque no preguntamos de dónde. Luego del té, le ofrecimos muy discretamente 20 Euros por la molestia, cosa que ella agradeció con modestia y simpatía. Finalmente Miguel y yo, nos hicimos muchas fotos en su azotea y la mayoría de ellas quedaron muy bien. En resumen: Estamos en Rabat. Al parecer bien ubicados, en medio del asqueroso mercado de comida, especies y casi todo lo que te puedas imaginar (en serio). Es increíble lo pobres que parecen ser algunas personas en combinación con lo pacifico que es este país. Machista y conservador sí, pero muy pacifico. Otra cosa que he notado con sorpresa es que todos parecen amar fervientemente al rey. Había visto otras monarquías, todas europeas y en general ahí a nadie le importa quién sea el rey. Pero aquí algo o alguien te recuerdan al Rey cada dos minutos. Ya sea algún enorme monumento, los nombres de las calles, las revistas de los kioscos, toda obra inaugurada en el país, será inaugurada por su majestad, y toda institución que favorezca las artes, las ciencias o la educación, será patrocinada por su majestad, o alguien de su familia. A propósito, me enteré leyendo una revista, que coincidiendo con el final del Ramadán -hace una semana más o menos- su Alteza Real cumplió 15 años de gobierno. En su parco y seco discurso habló de un proceso introspectivo de la economía del país. Habló de un paralelo con la vida de toda persona al llegar a cierta madurez, y de la necesidad de hacerse preguntas y concluir si efectivamente las medidas tomadas por uno son las mejores, en su vida. O, trasladándolo al país, si las decisiones del gobierno han sido siempre las mejores para toda la población. Suena a sentido común. Y a algo que todos deberíamos hacer. Hoy comimos una fritura mixta de pescado y luego de noche unos sándwiches preparados con algo parecido a la ternera, pero también al pollo, con cebolla, mucha cebolla y pimienta, y comino… Hora de dormir. Se me cierran los ojos. En nuestra búsqueda por una Casablanca alcohólica acabamos hoy en un bar impensable, a simple vista. Por fuera, guardias de seguridad, y sólo unas cuantas luces de neón. Por dentro un pub muy moderno. Principalmente en rojo y negro. Los motivos no eran nada típicos, claro. Era un bar tipo americano. Con máquinas de discos, música pop-rock, motivos deportivos y cerveceros. Y unas pantallas planas en las que ponen el MTV árabe. Dentro puedes beber todo el alcohol que quieras. Lo increíble es que no puedas beber más que eso, ni agua, ni coca cola. Como mucho, cerveza sin alcohol.
AGOSTO 5 8:20 RABAT Hace poco me han despertado los olores de la Medina, que entran por la ventana del hotel, es una mezcla de sopa caliente, con especias, garbanzos, caracoles, taijin, no sé. Pero huele, huele tan rico que es casi una masturbación olfativa. Hoy también -a eso de las cinco de la mañana- nos han despertado los cánticos sagrados, como todos los días, pero esta vez se me han hecho mucho más cortos. Anoche caminamos mucho y llegué casi muerto a la habitación. NI siquiera encendimos la tv, y mira que me gusta ver la tv. Aunque sea en árabe o francés, porque trato de adivinar lo que la gente dice por la cara o las imágenes. Ayer anduvimos por Sala (Cheelah), lo que se considera la primera fortaleza de Rabat, los vestigios más antiguos, con necrópolis y restos romanos y ahí nos hicimos muchas fotos y también fotografiamos las cigüeñas. Y también conocimos a las anguilas eléctricas que son las protectoras del antiguo palacio y aún viven en los canales que le rodean. Hay una fuente de la que emergen si les lanzas trozos de pan y los turistas van ahí a verlas y a hacerles fotos. Ah, también descubrimos otro hueco para comprar alcohol en el mercado central. Es un puesto a medio cerrar, en la sombra, donde puedes comprar vino y cerveza barata (12,5 Dírham aproximadamente). Muy barato. Hasta ahora no he visto ningún sitio con wifi. Pero hay un cibercafé muy cerca de aquí y ayer estuvimos ahí. Fue muy difícil para mí conectarme a mi correo porque para empezar el teclado está en árabe y nada es igual que en un teclado europeo occidental. Sólo para encontrar la arroba debí haber perdido al menos diez minutos. Hoy toca hacer día de playa principalmente. ¡Bravo! Otra cosa que hicimos ayer fue visitar la tumba Mausoleo de Mohamed V el padre del actual monarca, qué lujo, qué detalles, para variar. Uno no puede hacer sino pensar cuando ve estas cosas, en que el lujo funerario que muestra la realeza, no será ni la sombra de aquel con el que viven a diario.
DIA MIERCOLES 6 DE AGOSTO RABAT Ayer todo el día de playa en Rabat. Sol, comida, y mar. Y mucho más. Había un viejo que nos quería vender porros, pero solo a partir de 50 Euros. Que ambicioso, pensé. Y pasamos de él. Me gusta la marihuana, pero no tirar el dinero. Al rato me pararon unos, que pensaban que yo les podría vender. Más graciosos aun. Anoche nos bebimos un vino, mientras volvíamos de la Hassan II. El camino al pie del mar, viendo las estrellas, nos inspiró una charla religiosa sobre el universo y el amor universal, y dios, y la naturaleza, y creo que nos emborrachamos de ideas al final, y nos abrimos y nos contamos cosas y nos sentimos contentos y en paz con el mundo. Recuerdo que en algún momento Miguel me preguntó por qué me gustaba tanto fumar marihuana. Le dije que en realidad no lo sabía. Todo empezó hace muchos años, como jugando. Y hoy he llegado a un punto en que me cuesta digerir la comida, dormir, reirme o interesarme por algo sin haber fumado un poco antes. También le dije que la marihuana tenia efectos benignos sobre la salud. De otro modo los médicos de todo el mundo no estarían empezando a recetársela a muchos de sus pacientes. El me dijo algo así como que si no me daba miedo depender de algo externo para ser feliz. Le dije que si, que a veces incluso me daba vergüenza. Pero también creo que todos dependemos de algo externo para ser felices: alcohol, cigarrillos, tv, religión, comida en exceso, etc. Y que entre todas esas drogas, yo preferia la marihuana, por ser la que considero menos dañina. -¿Y tu crees que tu vida hubiera sido diferente sino hubieses dependido tanto de la marihuana en los últimos años? -Claro que si, le dije. Es más, es probable que talvez nunca hubiésemos hecho este viaje, si no fuera por eso. Ahora mismo son las 10:30 am y ya hemos desayunado, y tenemos todo empacado y guardado, porque de un momento a otro… ¡nos vamos a Fez!
DÍA 7- FEZ El Ryad en que estamos es encantador. Se llama Dar Tamo, y es una construcción de hace siglos, decorada con mucho gusto, por su dueña, Madame Lawrence, una francesa que lleva al menos 15 años viviendo en esta ciudad. Hay que decir que la de Fez, donde estamos ahora es la Medina más antigua del mundo. Y que de verdad cuando vas por ahí, tienes la sensación de haber retrocedido cientos de años en la historia. El edificio del Ryad, escondido tras un mísero portón te sorprende inmediatamente por su patio con fuentes, y todo el suelo, y sus balcones concéntricos, decorado de cerámicas. El problema es que para llegar hemos dado muchas vueltas y ahora para salir no sé si podremos encontrar el camino de regreso. Es más, casi casi que prefiero no salir. La verdad, apenas llegar nos han comenzado a seguir, en grupos, ofreciéndonos de todo, o pidiéndonos monedas. Había un niño de 8 años que decía que su padre tenía el mejor costo de Fez. Luego los dueños de los hoteles que nos han hecho entrar para conocerlos. También los que se ganan la vida haciendo de guías turísticos (unos más improvisados que otros) nos han seguido. Finalmente una pandilla de adolescentes se ofreció a ser nuestros protectores. . -¿Protectores de qué? –les pregunté -Es que acá en Fez hay gente muy mala que va con cuchillos –me dijo uno Llega un punto que te agobian, luego te ponen nervioso y quieres gritar y mandar a tomar por culo a todo mundo. Pero entonces hay que levantar un poco la cabeza, respirar y sonreír. Y no hacerles mucho caso. NO es descortesía. Es autoprotección.
AOUT 8- en alguna parte de la cordillera del atlas No sé cómo hemos terminado en esto en realidad. Desde el comienzo, la medina de Fez, con sus paredes cayéndose a pedazos. Te impone por lo laberíntica que puede ser. Para explicarlo de otro modo. El primer día en Fez, estarás perdido en Fez. Luego de dejarnos llevar por caminos hasta un precioso Ryad –Dar Tamo- donde alquilamos una habitación. Fuimos a pasear y muy bien. Pero para volver, una pesadilla. Porque eran más o menos las dos de la mañana, y estábamos cansados y desorientados y las calles estaban casi vacías y al final tuvimos que pagarle a alguien para que nos llevara al hotel. Y así cada vez que queríamos salir. Por eso he terminado peleando con Miguel, porque le dije que en el Dar Tamo hay una terraza muy bonita desde la que se puede apreciar toda la ciudad mientras te tomas una cerveza y te fumas un cigarro. La cosa es que Miguel se ofendió un poco y me dijo que él nuca había pasado tanto tiempo en un hotel, y que no viajaba tan lejos para quedarse en la terraza tomando una cerveza. En fin, que no me ha hecho mucho caso y ahora estamos en un coche yendo al desierto y no quiero admitirlo pero me siento un poco abrumado. No solamente ya por el hotel de Fez, y la medina, y la velocidad a la que van las cosas, sino además por la abrumante sensación de no tener ni puta idea de dónde nos estamos metiendo. Todo es culpa de Rashid, que hablaba muy bien el castellano, y el inglés, y el francés y el árabe, y el alemán y quién sabe qué más. Y que lo increíble de todo es que jamás haya dejado Fez. Rashid nos interceptó en la calle, de una forma extremadamente educada y yo creo que nos dejamos llevar por él. Al cementerio judío, al horno del Haman, al horno de pan, a la antigua sinagoga, y finalmente a la agencia de viajes donde nos sentaron en tronos -literalmente hablando- y nos “invitaron” a té. Y sin pensarlo mucho llegamos a un trato con ellos. Por 3500 Dírham, (originalmente 4,500, lo que indica que estamos aprendiendo a negociar las rebajas) nos llevan a los dos en alfombra mágica, taxi Mercedes, camioneta 4 x4, camellos, burros y lo que haga falta, a través de las dunas del desierto hasta un hotel fantástico que tienen ahí con piscina y aire acondicionado. Ahora bien. Lo mejor del viaje hasta el momento ha sido -de un lado- darle de comer a los monos salvajes que están en el camino y del otro la charla con Mohamed, nuestro conductor. Es cierto que conduce como loco, que va hablando por dos móviles a la vez (uno por cada oído), que adelanta en prohibido, y que toca el claxon para saludar a sus amigos. Pero aun así, es simpático. Cosas del desierto. También hemos hecho una pausa para comer, la camarera era una chica con caderas muy anchas, y pestañas muy largas. Y cuando le quise hacer una foto no me dejó. Se tapaba la cara, me enseñaba su anillo y curiosamente señalaba al carnicero que estaba al lado. No entendía nada, pero como el carnicero afilaba en ese momento un hacha enorme, fui precavido y guardé la cámara. Ahora hemos parado para que Mohammed vaya a rezar un rato. El coche esta algo fresco y prefiero no salir de aquí. Miguel ha ido un rato a andar por ahí, pero acaba de venir para decirme que ha visto un termómetro en la calle que pone 45 grados. Cada Taijín es diferente pero igual. Cada ciudad es diferente pero igual. Todas las personas son diferentes pero iguales. Hace mucho calor, hace mucho olor, mucho sabor. Tanto calor que en realidad no me apetece nada seguir escribiendo. Chau.
Día 9 MERZOUGA – DESIERTO DEL SAHARA Si no fuera por el calor que hace, aquí esto estaría muy bien. Por fuera el hotel parece un palacio muy antiguo. Sus paredes son del color del desierto, Y si alguien lo estuviese viendo de muy lejos. En algún punto podría llegar a pensar que es un espejismo. Nos han dicho que la mejor época para venir es el mes de diciembre, que no hace tanto calor. De alguna forma el calor en el desierto afecta más que en la ciudad. La piel se me ha resecado tanto que parece que hubiese envejecido al menos un par de años, en un par de días. Nos hemos puesto aceite de aceite argán en el cuerpo, aquí lo venden por todas partes. Me gusta el dorado que le da a mi piel. De verdad se ve increíble. Esta noche dormiremos en el desierto, en unas haimas, a las que llegaremos en camello. Y mañana otra vez volveremos al Dar Tamo, en el corazón de la laberíntica Fez.
DIA 10 DE AGOSTO 10pm (Fez, otra vez) Uf, acabamos de llegar del desierto, apenas nos acabamos de sentar y Miguel ya quiere subir a la ciudad a por dos boletos de tren para ir mañana a El Jadida. ¡No puedo más! Mi idea era: descansar esta noche e ir mañana a la estación ya que nuestro tren tiene salidas a las 12:00 y a las 14:10. Al final me quedo yo, y él sale enfadado porque –según él- yo me quedo pendiente del wifi y no aprovecho el viaje. Puntos de vista distintos. Así que me pongo a hacer otras cosas como afeitarme, escribir en mi diario, observar la vista desde la terraza. A Miguel le cuesta estarse quieto, con lo tranquilo que es. Vive para la ruta y yo siempre estoy pendiente de encontrar el mejor sillón, la mejor vista, la mejor terraza, para sentarnos a ver pasar el mundo, conversar, reflexionar. Aun así, he de reconocer que me siento cómodo viajando con él. Dos fuerzas en oposición, él me empuja a conocer más. Y yo pues, le empujo a tomárselo con calma. Interiorizando las etapas. Tratando de que nuestras miradas vayan más allá, de la simple fotografía que hace un turista. Tratando de entender antes que acumular recuerdos. Pero impulsados por el ansia del descubrimiento. El calor que había en el desierto era apabullante. Aquí en la ciudad de Fez también pero al menos el Ryad en que estamos tiene aire acondicionado y uno se encuentra más cómodo. En el desierto había piscina y aunque tuviese arena y bacterias… el agua estaba muy fresca y sin aquello no creo que hubiera podido sobrevivir. Concluyendo: el viaje al Sahara, de ayer por la tarde, fue una aventura en sí misma. Nueve horas en taxi a máxima velocidad, atravesando el interior del país hasta Rissani. De ahí al desierto de Meerzouga en 4x4 y luego al día siguiente en camello a unas haimas en el corazón del desierto. Más de una hora viajando en dromedario por las impresionantes dunas del desierto. Casualidades de la vida, en nuestro mismo grupo, habían también viajando 2 holandeses, 2 árabes, y 7 españoles: 3 chicas de Barcelona y 4 chicos, que venían de la misma isla de la que nosotros habíamos partido dos semanas atrás: Palma de Mallorca. A la hora de comer todos juntos, Miguel y yo, llegamos los últimos y solo había dos asientos libres, una a cada extremo de la mesa. Miguel se sentó entre los árabes y los holandeses y no conversó casi nada con ellos. Yo me senté entre los mallorquines y las barcelonesas, que eran muy simpáticas y conversadoras. Había una, en especial, que estaba harta del curry y del desierto y nos reímos mucho de todo y nos burlábamos de nosotros mismos también. Los mallorquines intervenían poco en realidad, pero cada vez que lo hacían replicaban en catalán. Como si hicieran una suma: 7 catalanes y un hispanohablante =Hablemos catalán. Qué antipáticos la verdad, porque al igual que a Miguel cuando habla con su sobrina, nos les entiendo un pijo y eso no les corta un pelo.
DIA LUNES 11 ESTACION DE FEZ –CASA VOYAGEUR Esta vez no nos hemos arriesgado y hemos preferido viajar en primera clase, que es la única donde suele funcionar el aire acondicionado. Ahora estamos yendo a El –Jadida vía Casablanca. Ni idea de lo que nos espera ahí. Ojala y no sea tan claustrofóbica como Fez. Y pensándolo bien eso es imposible. Pues El Jadida es costa y tiene playa. Se me alegra el corazón sólo de pensar que volveremos a ver el mar. Yo nací muy cerquita del mar. Y me encantan las montañas, pero aquí en confianza, he de admitir que siempre me he considerado gente de puerto. Descendiente de pescadores, viajeros y piratas. De gente que no se quedaba quieta mucho tiempo, acostumbrada a la brisa marina, a los espacios abiertos y al pescado fresco.
DIA 12 AGOSTO Soy Un hombre ciego que va por las calles de una ciudad ayudado por un bastón y que busca reconocer una voz amable en la multitud, o acaso alguien que le ayude con algo de comer La niña que vende pequeños camellos de piel en medio del desierto de Meerzouga y que de vez en cuando mira a la roca y se pregunta si esa roca no habrá sido una niña como ella Soy El tullido que espera en la parada de taxis, que alguien sienta pena al verlo, tan joven y guapo, y que se lleve la mano al bolsillo para poder salvar el día. Soy lo que ves cuando miras a otro lado Soy cada uno de los pasos que das para alejarte de mí Soy la noche que tanto temes pero que sabes que un día llegara a ti Aunque tenga para ello que colarme por las rendijas de tus sueños, para que aspires el vapor que entra por las ventanas de tu adorado reposo, viento blando, te de menta, no Chevy, no Malibú… el encanto es lo que resplandece en las tardes húmedas. Sonido de cuerdas de guitarra, cantos gitanos de fe, cuentos de terror, un beso tuyo en la frente de la niña de los camellos, bastará para sanarme Y yo, te espero como un bereber al oasis en su camino. Te espero con el filo que espera un cuchillo muy antiguo en el Bazar del Barrio. Una cerveza, un whisky maroccain (te), yogurt… ¿palabra turca?
13 AOUT EL JADIDA Hoy estuvimos en la playa y el agua no es la más limpia que he visto. Pero desde luego que valió la pena. Alcohol, venden en bares. En el mercado de pescado había todo lo que te puedes imaginar y está permitido y prohibido en el resto del mundo: tiburón, delfín, besugo, tortugas, raya, ostras, sardinas, calamares, langostas, etc. Lo que quieras. Lo compras y a continuación te lo preparan en los pisos superiores. Por unos 200 Dírham, unos 20 Euros, acabamos zampándonos medio kilo de sardinas, medio kilo de un pez blanco parecido a la trucha. Y medio de gambas. Además de la ensalada y la bebida. Que experiencia más lugareña hemos tenido. IR al mercado a comprar pescado y comerlo ahí mismo. A la hora de ir el baño, me señalan un baño. En el baño del mercado hay una niña sentada en el trono. No lo sabía así que abrí la puerta y al verla, le cerré de nuevo pidiéndole disculpas. AL rato llega otro hombre, y luego otro y ambas veces pasa lo mismo. La niña sale. Perdón. Entro yo. Y en los altavoces… ¡suena jazz! El ambiente aquí es muy diferente al de Fez. Esta es una ciudad de vacaciones, copada de turistas nacionales. Pues aquí vienen los marroquíes, con su familia y amigos, a descansar. Los que pueden claro. Vienen a disfrutar de la playa. Y ojo, de día y de noche. Porque de noche la orilla se llena de sillas de plástico, que alquilan a 5 Dírham la media hora cada una. Y hay caballos de paseo y camellos. Y parques de juegos para niños. Y a la gente le encanta sentarse en las terrazas a tomar el té y ver el mar. Por eso prima un ambiente festivo y relajado. Nadie nos sigue. NI nos intentan vender nada. NI siquiera costo. Eso me preocupa por un lado, pero por otro constituye un gran relax, que planeamos aprovechar. Otra cosa es que aún no hemos podido confirmar la vuelta con Air Maroc. En parte porque todas las oficinas que vemos están abandonadas y los teléfonos que nos han dado parecen funcionar mal. Hoy Miguel le pidió a la recepción del hotel que llame a la aerolínea. Y también fue sin resultado. Y recuerdo que el guardia de Rabat nos dijo que nos contestarían en cualquier idioma. Espero que no haya problemas el día de la salida desde Casablanca, con los boletos de Senegal, digo. Ya que Miguel y yo hemos conversado la posibilidad de que no nos quieran valer los billetes si salimos desde Casablanca. En vez que desde Senegal. Esta ciudad es tan viva que anoche a la 1 am en el mercado seguía efervescente. Muchas luces fuertes y gente de todas las edades. Aunque conforme se hace tarde las mujeres no salen de casa, y menos solas. Durante el día se arremolinan alrededor de un vendedor de zapatos de bolsos y durante la noche se quedan en casa con sus maridos o sus hijos. Actualmente estamos en el hotel Bordeaux. La habitación tiene una cama de dos plazas, y una de una plaza. Supuestamente íbamos a turnarla, pero la verdad es que yo he dormido en la grande ya dos días seguidos. La ciudad está llena de cafés, pubs, bares, e incluso nos han contado que vienen camareros de otras partes a hacer la temporada. También se ve lo relajada de la ciudad en la ropa de las mujeres, ya que aquí no se tapan tanto, ni el pelo, ni los hombros, ni las rodillas, que son cosas hasta ofensivas para las mujeres musulmanas, dependiendo de dónde sobre todo… y algunas aquí hasta se atreven a ponerse maquillaje o pintarse el pelo. Soy duro a veces con Miguel, con su forma de viajar y su tendencia a complacer. Pero en realidad es un gran compañero de viaje. Sé que tengo mi temperamento y no siempre es fácil andar conmigo. El se adapta a mi, porque tiene un gran corazón, pero sin embargo he tratado de convencerlo de cosas sencillas como salir sin cámara, sin su guía de lonely planet, que levante un poco más la cabeza al andar y que no diga siempre “me da lo mismo”, sobre todo cuando no lo dice de corazón. Un poco de pelea es sana en toda relación. O en todo caso creo que es mejor que darle siempre la razón a uno, y dejar que se acumulen los entredichos en alguna cajita del corazón, porque un día van a salir disparados y van a matar lo primero que pille por delante. Yo sé, por ejemplo, que él ya está pensando en irnos a Essaouira, aunque apenas llevemos aquí exactamente dos días y apenas empezamos a conocer el lugar. Diría yo, que a veces parecemos fugitivos. Como si alguien nos viniera siguiendo y tuviésemos que huir. Pero la verdad, según él me cuenta todos sus viajes han sido así parecidos. Polonia entera en una semana. Suiza, Alemania e Italia en diez días. Medio China en 12 dias. ¿Qué se puede conocer así? Sin embargo, anoche oía mi música, la música triste, decadente y hedonista que tanto me gusta oír, y me trajo tantos recuerdos que me puse malo de verdad. Es que a veces las emociones se quieren sobreponer a la realidad. Pensaba en Palma de Mallorca, en que ni siquiera sabía si tendría casa cuando vuelva, o si aquella era mi casa o mi hogar… o era algo que yo me había inventado. Sentía que estaba a punto de derrumbarme. Ni si quiera podía levantarme de la cama. Sin decirme nada vino Miguel y me abrazó, me dijo que nadie me haría daño, que nada debía temer, y que él, como amigo, haría cualquier cosa por mí. Y yo empecé a comprender que ni yo era probablemente tan fuerte como creía. Ni él, lo débil que parecía. Me sentí como un niño abrazado por un padre. La vida es mala y maravillosa a la vez. Generalmente tú escoges lo que quieras que sea.
15 DE AGOSTO Ultimo día en El Jadida. Ayer nos cambiamos del hotel Bordeaux por el Nice, que está casi al lado. Aquí había wifi y ayer pude subir varias fotos, pero hoy ni una. Va como el culo de lento. Y no puedo subir ni una foto a internet. Además tengo que descargar toda mi música del Spotify porque de repente se ha borrado toda la que había bajado para el viaje. Bueno, el Nice es más cutre que el Bordeaux. No dan ni toallas, ni tiene esas cerámicas preciosas del Bordeaux. Pero sí que cuesta 50 Dírhams menos. Ayer caminamos por el espigón y salté de un pequeño faro al agua. No serian más de quince metros, pero nunca había saltado de tan alto. Fue estupendo. Aunque sólo lo hice una vez, fue intenso. No corrí mucho antes de saltar al agua, porque me dio miedo resbalarme. Más tarde fuimos a beber cerveza a un bar, y luego al mercado de pescados. Ya no había sardinas, pero comimos pescadillas y otro pescado blanco que hicieron a la plancha. Buenísimos. Para hoy ya tenemos los tickets de bus a Essaouira, a las 5 pm. Una movida rara para comprar. Primero no había tickets y luego había pero más caros y además ponía que partíamos de Casablanca (aunque estábamos en El Jadida). Hoy es viernes. Ojala podamos comer cous-cous. Los viernes es día de Cous-cous en todo Marruecos. EL altavoz de mi teléfono se ha jodido y se oye muy bajo. Extraño algo mis juguetes tecnológicos. Acá casi nadie tiene smartphones, ni bluetooths, y me da casi ternura verlos con sus telefonitos de botones por todas partes. Ayer por la noche caminamos por la parte de El Jadida que parece Ibiza por sus hoteles, discotecas y cantidad de luces azules que hay en la calle. Me gusta esta ciudad, y ya siento nostalgia de ella. Por la gente tan alegre, por la playa tan viva. Porque aunque no hubo nada de porros, hubo mucha cerveza. Ni una vez nos han seguido ni ofrecido hachís como en Fez. A ver cómo es Essaouira. Un amigo de España me ha dicho por Whatssap que es su ciudad favorita de todo el mundo. No creo que sea más divertida que esta. Ahora estamos esperando que dé el medio día porque dejaremos este hotel. Aún hay ropa secándose. Aparatos cargando y unas líneas por escribir hasta que nos vayamos. Aquí, en la tv sólo hay 3 canales, y ninguno en francés o inglés. Hemos visto algo de noticias y comentado lo demacrado que se le ve a Obama. Será porque todos quieren que él solucione lo de Rusia, lo de Palestina, lo de Ferguson. Épocas difíciles para el poder. Muy bonita artesanía en El Jadida también y muchos mendigos también. Es difícil sentarse a comer sin que te invada la pena, cada vez que alguna mujer con sus niños pasa pidiéndote algo de comer. Aquí al menos los gatos son gordos y no famélicos como en Fez. Y hay algunos perros pastor aleman y pitbull. Pocos en realidad y algunos son callejeros, y se mueren de hambre. Pero no hay perros agresivos. Yo creo que los matarían porque aquí realmente no hay una cultura de mascotas, ni de protección animal. Hoy me he vuelto a afeitar la cabeza pero no la barba. Talvez no me afeite hasta volver a Palma. En la playa hemos visto camellos y caballos de paseo, currando día y noche. Hay polis en caballo también. Y a propósito, la otra vez vimos cómo unos polis le metían una paliza a un par de chicos dentro de una camioneta. Ni puta idea de lo que habrían hecho. Pero lo cierto es que, en frente de todo el mundo los metieron en una furgoneta y todos escuchamos cómo les golpeaban y se quejaban. Y vimos también como la furgoneta se balanceaba de un lado a otro. Lo alucinante es que eran las 9 de la noche, y esto ocurría frente al paseo marítimo y habría unas 100 personas agolpadas alrededor y ninguna parecía sorprenderse por lo que ocurría. ¡Alguien que me lo explique por favor!
Lunes 18 agosto Autobús - Camino de Agadir Bueno, hemos estado tres días en Essaouira, y ahora vamos a Agadir. No escribí nada mientras estuvimos en Essaouira, así que trataré de resumir algo de esa ciudad a continuación. Estamos en una parada para comer e ir al baño. Este viaje duraría al menos 4 horas. Iremos una hora y media ya. Y luego de orinar rápidamente, he venido a sentarme al autobús por miedo a que nos quiten los asientos. Ya que en esta empresa no están numerados. Y a la hora de sentarnos hubo mucha gente discutiendo y peleando por sus asientos. Supongo que son cosas que nadie que venga de fuera puede entender. Y tal cual, hace un rato, se paró un chico a mi lado que quería que le de mi asiento. Felizmente, unas mujeres intervinieron en mi ayuda, porque él y yo no nos entendíamos. El hablaba en árabe. Y yo en lo que pudiera. -La hambra? -What? -No problem, la hambra – insistía señalándome el asiento donde yo estaba sentado. -Sorry, don’t understand. Je suis avec mon amie… Ahí fue cuando habló la mujer que estaba sentada delante de nosotros y se lo explicó. Él se había confundido y su asiento era más adelante. Felizmente. También hay unos bereberes viajando en el pasillo del autobús. Y dan calor. Sobre todo a Miguel, que es quien los tiene justo a su lado. Yo estoy sentado del lado de ventana y al menos entra algo de fresco. Increíble los bereberes, cómo llevan pantalón y camisa. Y encima la chilaba y gorra de lana. Y sin mencionar que estaremos al menos a 40 grados en el autobús. Y el aire acondicionado que no funciona desde luego. Son las pequeñas diferencias de comprar un pasaje solamente 10% más barato. Y no lo compramos por ahorrar. El verdadero problema es que CTM (la empresa de transporte que nos parece la mejor) sólo tenía pasajes para la tarde y Miguel quería viajar de día. Así que luego de desayunar en el Riad Ghita, de Essaouira, aquel que reservamos por internet desde Al Jadida y despedirnos de Fuet, el recepcionista, salimos a la estación de autobús por Baab Doukala, es decir la Puerta Doukala, que era la que nos quedaba más cerca de la estación. Otra cosa que me pone nervioso de viajar en un bus que no es CTM, es que aquí no han registrado nuestras maletas y cualquiera podría llevárselas en alguna parada sin que podamos exigir nada a nadie. Pero he de confesar que sinceramente no creo que haya ningún problema por ese lado. Sé que los árabes son muy pesados cuando te quieren vender algo. Pero no he visto ni oído nada sobre robos hasta ahora. Creo que es porque les cortan la mano, o les dan palizas en las furgonetas. O porque hemos tenido mucha suerte. De Essaouira me llevo: -Una amenaza de muerte de parte de un tipo que insistía en seguirnos cada vez que nos veía por las calles de la Medina… hasta que le pregunté simplemente “qué quería”. Y parece que se tomó a mal la pregunta porque me dijo que iba a matar. A lo que yo le contesté algo disgustado: -¡A ver, mátame pues! Se quedó mirándome y murmurando algo ininteligible, mientras yo seguía caminando lentamente, al ritmo de la multitud y sin quitarle la vista de encima. Me sentí invadido por el temor a lo desconocido, más que a lo visto. Y no le dije nada a Miguel para no preocuparlo, pero al día siguiente que nos vio pasar, sólo me dirigió una mirada desconcertada, mientras yo le miraba de arriba a abajo por si llevase un cuchillo o algo así, pero la verdad no se atrevió a hablarnos más. -El recuerdo del fantástico día de playa con las galletas de hachís que al final no nos hicieron ningún o casi ningún efecto. Pero estaban ricas. Me sorprendió que Miguel se comiera todas sus galletas de hachís, qué pena no llegamos a flipar. Habría sido divertido verlo así. El hombre que nos la vendió era muy hablador y nos ofrecía también costo y opio, y se pasó horas dando vueltas alrededor nuestro preguntando si ya nos habían hecho efecto las galletas, pero nada. Al final también nos vendió una bolita de costo, sumamente dura y oscura por 50 Dirham. Supongo que es diferente en cada ciudad a la que vamos. Este hombre tenía un hijo, quien también tenía un camaleón pequeño y me lo dio para jugar un rato. No le vi cambiar de color, era más bien como el color de la arena, como el color de mi piel. Pero era un camaleón, lo sé por esos ojos enormes que movía independientemente uno del otro. -La extrañeza por algo que Miguel me dijo y que me sorprendió: Que nunca había alquilado tumbonas en la playa. A mi aunque fuera una tontería, me parecía difícil de creer. ¿A sus cincuentayuno nunca?... ¿Viviendo en una isla llena de playas paradisiacas? Acá, por lo visto, está que se da lujos impensables en Mallorca. Acá no nos cortamos para nada. Venimos con una moneda más poderosa que la local. Porque con un par de euros, -lo que no alcanza ni para dos cafés en España- aquí puede ser suficiente para comer y cenar. Y quien sabe hasta más. Él incluso se ha comprado en el bazar una camisa y unos pantalones árabes, no le quedan tan mal, en realidad. Aunque se me haga un poco gracioso verle subirse el pantalón hasta más arriba del ombligo. -La imagen de los hermosos camellos de Essaouira y la comparación con los de Meerzouga. Estos camellos al menos no tenían garrapatas y su aspecto en general era más limpio y sano, que aquellas pobres bestias del desierto, sin las que -he comprobado personalmente- la vida en estos paramos sería imposible. -La amabilidad de Fuet. El encargado del Ryad. Ya que a pesar de que el hotel tenía muy poca presión de agua en los pisos superiores. No nos hizo ningún problema por bajar a bañarnos y cagar en los pisos de abajo. Además siempre nos recibió con una sonrisa. Fuet nos contó que era de Fez y que desde hace un par de años iba a Essaouira en temporada alta para trabajar por el verano. Ah, y eso que en los tres días que estuvimos nunca limpió la habitación. Con eso de que sólo se limpiaba cada dos días. -La decepción y soledad de comparar los paseos marítimos de El Jadida con Essaouira. El primero repleto de árabes simpáticos vacacionando en familia y grupos de amigotes. Y la segunda medio vacía, más bien ocupada por algunos franceses o ingleses dados a los deportes acuáticos y a los pubs de lujo. Pero sería una tontería proponer que una ciudad sea mejor o peor que la otra. Son simplemente diferentes. -El increíble sabor de los pasteles artesanos que le compraba a Mubarak todas las tardes. Naturales, recién horneados, repletos de manzana y nueces. He de haber aumentado un par de kilos por su culpa. Y se lo dije. -Sobre todo la experiencia inolvidable de pasear por el puerto antiguo, de día y de noche. Y sentir que al atravesar el enorme portón de la entrada, entraba uno como a una película. Luego averiguamos que al menos había una película de Orson Welles que efectivamente comenzaba así. NO me sorprendió tanto saber esto, pues hay una plaza con el nombre del cineasta, ahí a pocos metros del puerto. -Otro de los personajes muy recordados en Essaouira es Jimmi Hendrix, que vivió ahí también algún tiempo. -El Recuerdo de una ciudad con mendigos y niños pidiendo comida y monedas por todas partes. Hay que reconocer que, de vez en cuando, le cuesta a uno disfrutar sin compartir. Lo poco o mucho que tenga. -Dos piedrecitas de ámbar en esencia, que compramos a 20 dh cada una. -Gingseng en raíz. Bueno para todo. Compramos 15 g. para beberlo con el té. El precio era de a 1 dh el gramo. -El cous-cous en la terraza de un restaurante con vistas a los techos de la ciudad -El recuerdo de una tv con 600 canales árabes y sólo dos en inglés. -La fantástica sensación de no perdernos en esta Medina tanto como en otras. Solo para llegar fue muy rápido. El taxista no dijo que el hotel era fácil de encontrar y que nos dejaría en la puerta. Pero la verdad es que si no hubiera sido por el GPS de mi teléfono, no sé cuánto habríamos tardado en realidad. Porque como sabíamos que llegaríamos alrededor de la media noche. Viajamos más tranquilos en el autobús sabiendo que habíamos reservado un hotel por internet desde El Jadida. Contrariamente, esta vez, vamos sin hotel ni reserva a Agadir. Pensamos que hay que variar las formas de viaje para no caer en la monotonía. Es decir, vamos a la aventura total. Pero al menos con la experiencia que nos ha dado conocer ya en este tiempo de viaje ciudades como Casablanca, Marrakech, Rabat, Fez, El Yadida y Essaouira. Que no son muchas, pero tampoco pocas. Al menos por donde va el autobús esta vez parece ser una buena carretera y la ventana esa del techo nos da un frescor agradable. Para aguantar el viaje. Además al menos vamos sentados y yo voy oyendo música con los bluetooth, que he usado muy poco hasta ahora. Principalmente porque esas cosas aquí casi no se conocen, y me siento muy raro yendo con eso por la calle. Igual, en el viaje me he dado cuenta que entre otros músicos aquí son populares algunos que yo ya conocía y que me he vuelto a descargar por Spotify en el wifi de Fez. Me refiero a Cheb Khaled, Ismael Loo, Tinariwen (que puso justamente el conductor de la 4x4 en el desierto), y el también político senegalés Youssou ‘n Dour.
DÍA 19 AGADIR (antes de dormir) Esta noche ha sido muy especial porque hemos estado en el paseo marítimo y hemos estado en varios conciertos de playa, descalzos sobre la arena, bailando, con la gente del lugar. Además, esta noche, descubrimos que en el paseo marítimo alquilaban bicicletas y no pudimos resistirnos a montarnos en unas. Solo costaron 15 Dírham la media hora. Lo más increíble es que ni siquiera tuvimos que identificarnos. La confianza es tanta que pagas, te dan un recibo, y ya está. Luego puedes escoger entre varios modelos y tamaño de bicicletas. Eso no se daría nunca en el primer mundo. Para alquilar bicicletas en España, normalmente tendrías que estar empadronado en la ciudad. Requerir algún carnet, alguna contraseña, pagar con tarjeta de crédito y terminar pillando alguna bicicleta horrible de alguna estación electrónica especialmente habilitada para eso. Aquí en cinco segundos hemos cogido unas Ticcino montañeras y nos recorrimos todo el paseo marítimo conduciendo entre la gente, y los puestos de comida que están por todos lados. Fue muy divertido y muy arriesgado porque no hay ciclo vías, y a la hora de terminar el paseo no encontrábamos a los chicos y tuvimos que dar varias vueltas hasta que aparecieron para devolverles las bicis.
MIERCOLES 20 AGOSTO HOTEL BAHIA AGADIR 11:00 AM Tendría que contar primeramente que anoche salí a caminar a eso de la 1 am yo solo. El plan era andar escuchando música y luego volver a dormir. Pero me perdí, di varias vueltas por el mismo lugar, hasta que un loco por la calle, me tiró del brazo y me quería meter a su casa. Ahí fue que me comí mi orgullo y paré un taxi (10 Dírham) para que me lleve al hotel. A pesar de que estaba prácticamente a la vuelta de la calle. No sé si en este punto alguien se habrá dado cuenta que la orientación espacial no es necesariamente mi fuerte. Ahora mismo Miguel trata de arreglar el lio de los pasajes. Al parecer, no regresar desde Senegal sí es un problema, pues pueden anular nuestra salida desde Casablanca. He estado pensando que lo que nos vendió aquel viejo en la playa de Essaouira, no era costo normal. En realidad se veía oscuro, duro…. Y por lo que he estado averiguando podría ser que tenga opio. Después de todo aquel anciano nos lo ofreció también. Y he estado pensando esto porque la reacción ha sido completamente diferente. El costo te vuelve sensual y altera tu percepción de la realidad, pero no te duerme. En cambio esto que he fumado anoche me ha provocado mayormente somnolencia. Y he estado soñando fuertemente desde entonces. Pero principalmente con antiguos amigos con los que ya ni siquiera hablo, pero que puedo haber admirado en mi infancia. Soñé con Oscar, un ex compañero de la escuela, y con Marcos, de la calle Mollendo, que era un poco mayor que yo, y solíamos jugar al futbol juntos. El sueño fue muy extraño y me llevó a observarlos otra vez y luego observarme a mí y ver las cosas que había aprendido o copiado de ellos en mi personalidad. Cosas de las que ya no me acordaba. Simplemente porque el tiempo se había encargado de enterrar bajo una tonelada de nuevos recuerdos e impresiones. Concluí que ahora, 30 años después me había vuelto tan déspota como el uno e introvertido como el otro. De otro lado soñé que le preguntaba a Robin Williams, el actor, por qué se había suicidado. Había visto esta noticia el día anterior por la tv. Y al parecer mi alma no había acabado de comprender, cómo una persona que había transmitido tanto cariño a la gente durante tantos años había decidido irse, antes de tiempo. En mi sueño literalmente mi alma salía de mi cuerpo y cogía a su alma de las solapas y le preguntaba “¿Por qué? ¿Por qué?” Pero mis sueños no acabaron ahí. Soñé también con dos de mis queridas tías, que viven también en Europa, soñé que me trataban con una frialdad imposible en la vida real. Ellas viven en Alemania. Creo que en mi sueño reveló mi temor de que se volvieran demasiado alemanas después de vivir tanto tiempo fuera de Perú. Además, esto que he fumado, me ha dejado con ojeras, atontado, y me ha hecho sentir como si estuviera flotando durante todo el día. De ahí mis dudas, de si eso era hachís o no. Y realmente creo que no. Joder, acaba de llegar Miguel de la recepción y me ha comentado que las cosas con el pasaje no pintan bien. No hay ninguna seguridad de que podamos usar nuestros billetes originales desde Casablanca. Ahora luego de desayunar en el hotel, iremos, a la oficina de Air Maroc, que ayer estaba cerrada. Parece que –tal como temíamos- habrá que comprar billetes nuevos después de todo. 19:00 horas ¡Tickets nuevos comprados! Salimos el 26 a Casablanca en autobús y el 28 en avión a Palma vía Málaga (los billetes originales se pierden).
DÍA 22 AGADIR – Hoy hemos estado en la fabulosa Kasbah de Agadir, ubicada en lo más alto de la ciudad. Para defenderla de la llegada de los piratas. Una fortaleza de más de mil años de antigüedad. Completamente en ruinas y donde siempre hay vendedores de artesanía y camellos para pasear, ya que es un punto muy turístico. Más o menos media hora de subida en taxi. A pie es imposible pues la calzada es muy estrecha y no hay ninguna seguridad de llegar sin ser atropellado. El mismo conductor que nos llevó, nos esperó también media hora mientras paseábamos y luego nos volvió a dejar en el centro de la ciudad. Y nos cobró 120 Dírham al final. Ahí arriba nos hicimos muchísimas fotos con la vistas de la ciudad de fondo. La playa, la ciudad, el puerto, los coches, todo se ve pequeñísimo desde tan alto. Después de estar ahi, el conductor nos dejó en el famoso Parque de los Pajaros de Agadir, y desde ahí, hemos ido andando hasta el jardín de D’Olhao, un parque dedicado a la memoria del terremoto que en los años 70 mató a más de la mitad de la población, destruyendo casi toda la ciudad. Con los años, al ser reconstruida, Agadir se planteó como una ciudad de vacaciones, con los hoteles, clubes, y centros comerciales más lujosos del país. Hablando de lujos, este hotel es casi todo un lujo para nosotros, comparado con todo lo anterior. Aquí hay agua caliente (toda la que quieras), toallas, cortinas de baño, tv, aire acondicionado, armarios de madera, mesa, espejos, ducha, lavabo, wifi.
DÍA 23 AGADIR En este país hay mucho pescado. Por donde vayamos lo encontramos fresco y barato. Hoy, por tercer día consecutivo hemos comido pescado frito, friture de peche, y además en el mismo sitio. Que nos encanta. Un restaurant con terraza, en pleno centro urbano, y enfrente a una de las mezquitas más importantes de por aquí. Son muy limpios y se nota que cambian el aceite a diario. Cada plato cuesta 45 Dírham. Aunque el calamar frito no me sabe tan bien como el de Madrid y las salsas sean malas y basadas en mayonesa y kétchup. Igual vale la pena porque no suele estar lleno y nos atienden bien. Agadir es una ciudad donde hay mucho dinero por zonas y muy poco por otras. La zona de los hoteles a pie de mar es lo más moderno y lo más occidental que hemos visto hasta ahora. Tampoco faltan los típicos Mc Donald y Domino Pizza que hay en todos lados. Aunque nuestro propósito era no ir a ninguno de estos lados, terminamos probando el famoso Mc Arabia, cuya gigantografia veíamos por todas partes, y que supongo se llama así solo porque lleva algo de curry. A decir verdad, siempre tratamos de comer comida local, pero también hemos visto que aquí hay mucha comida internacional. Japonesa, italiana, hindú, lo que hace que aquí haya para todos los gustos. Hoy es el día Nacional de Marruecos y celebran su independencia de la France. Lo sabemos porque casi todo está cerrado y sobre todo, porque está el monarca dando un discurso por la tv.
DÍA 24 - SIDI IFNI 10:00AM HOTEL BELLVUE (y la tiene…) Por la recomendación que nos hizo un chico en Agadir, dentro de una tetería, hemos venido a este pequeño pueblo costero llamado SIdi Ifni, un pueblo con apenas 4 gatos (20,000 habitantes). En donde hay mucho surf, pero tiene como maldición un gran número de rocas, en la orilla que te pueden golpear en la cabeza. Razón por la cual los salvavidas no te permiten bañarte fuera de su área de seguridad que más o menos sería de unos 20 metros de ancho y donde congregan a todos los bañistas, y esto en una playa que tiene kilómetros. Y si intentas bañarte en otro lado, como nos pasó ahora, viene corriendo el salvavidas a decirte amablemente que está prohibido nadar fuera del agua de seguridad. Buscando alguna zona alejada de la playa, nos fuimos andando por la orilla y descubrimos zonas casi vírgenes, salpicadas por completo de rocas que caen permanentemente de los tajos, que tienen más de 100,000 años de antigüedad. Vamos, que la montaña se caía a pedazos, de lo vieja que estaba. La habitación en este hotel es muy cómoda y económica. Y además es céntrica pues estamos al lado del ayuntamiento, en la plaza principal de la ciudad. A sólo 200 Dírham la noche. Cuento nuestros “lujos”: agua (siempre), toallas, papel higiénico, recepción con recepcionista, terraza con mesa y sillas, restaurante, televisión satelital y wifi. Y hablando de recepción, le pregunté al chico, si por casualidad podía conseguirnos algo para fumar, ya se imaginan qué, y luego de darle mil vueltas al asunto. Que si hoy, o mañana, o un amigo, o el bar, que si la mejor calidad, o la peor, que si tenía mucho trabajo, que si la policía secreta… nos terminó pidiendo que le dejara 100 Dh, que al final nos tuvo devolver pues no consiguió nada.
Día 25 –SIDI IFINI Hoy, como casi todos los días aquí en Marruecos, hemos comido muy bien. Por no decir que nos hemos dado un verdadero banquete. Empezando por el desayuno del hotel, que no es tan bueno en realidad, comparándolo por ejemplo, con el que nos daba la francesa en Fez. Pero aquí al menos te ponen todo el pan, mantequilla, mermelada y Amlou que quisieras. El Amlou es como la Nutella de los marroquíes, pero mucho mejor. Lo hacen a mano, machacando las avellanas y las almendras y luego mezclándolo con miel de abejas y aceite de argán. Luego al medio día hemos comido una pizza frutti di mare frente al hotel en el que nos alojamos. Servido por este hombre a quien sus amigos llamaban “viejo lobo”. Y que pertenece a la generación que estudió castellano en la escuela cuando Sidi Ifni era un protectorado español, hace algunas décadas. Incluso hay un ministerio de asuntos españoles, ubicado justamente entre nuestro hotel y el ayuntamiento. Hoy por hoy esta especie de ex consulado está abandonado y las cigüeñas anidan en los techos y las ventanas del edificio que se cae a pedazos. Finalmente hemos ido a comer sardinas al mercado central. Serían las 9 de la noche y el lugar estaba repleto. Prácticamente tuvimos que esperar para sentarnos y nos atendió un chico que no tendría más de 13 años, quien para variar, no sabía francés. Probablemente porque no iba a la escuela. El pescado estaba muy fresco, y hecho al grill, preparado ahí mismo enfrente tuyo. Te lo llevan a la terraza y lo comes con la mano. Al lado, bajo un árbol, te dejan un cubo con agua, para que te laves las manos después de comer. Quería hablar de cómo llegamos aquí: Estando en Agadir, primero fuimos en petit taxi a la estación de grand taxi. Y ahí tomamos uno de estos hasta la estación de Tiznit. Bastante apretados eso si, ya que los conductores meten a cuatro personas atrás y tres adelante. Y estamos hablando de turismos. Es por eso que en Tiznit, Miguel decidió comprar todos los asientos hasta Sidi Ifini. Y así tener el coche entero para nosotros. Qué comodidad la verdad. Y no dejé de agradecérselo, ya que él sabe que a mi no me gusta mucho pegarme a otras personas que no conozco y mucho menos si están todas sudadas. El momento más patético, a propósito, lo viví probablemente en El Jadida cuando él tuvo prácticamente que subirme a la fuerza a un autobús para ir a la playa de Sidi Boussi, que dicho sea de paso es una de las más hermosas que hemos visto. Con aguas muy limpias, y mucho ambiente. Y no me hubiera perdonado a mí mismo, el no haberla conocido. Acerca de nuestro hospedaje en Sidi Ifni, él mismo había contactado antes con el hotel Bellvue por teléfono, (yo le había dicho que si quería que nos fuésemos de Agadir se encargara él de los detalles, porque yo estaba muy cómodo ahí). Así que finalmente no tuvimos más que llegar en el taxi y entrar. Nunca nos había sido tan fácil. Pero tampoco creo que haya más de cuatro hoteles en todo Sidi Ifni. Este hotel está en lo más alto de la ciudad y ve se claramente desde la playa. Está claro que es uno de los edificios más representativos de la ciudad. Por lo demás, Sidi Ifni tiene un ambiente familiar, provinciano y religioso. Por ejemplo, los adolescentes en manada se reúnen para pasear por el paseo marítimo, van de arriba a abajo una y otra vez. Y es que este no medirá más de 200 metros de largo. Tampoco hay mujeres maquilladas, ni trajes de baño. Aquí casi todas van con esos hermosos saris de colores. Y por ratos la calle parece una especie de muestrario de telas cuando las ves paradas en grupo, conversando y riéndose. Esto no es El Jadida, eso está claro. Lo que se da bien aquí, es el surf. He visto incluso algunas tiendas de O’Neill y Rip Curl. Y hay varios locales que ofrecen clases de surfing y kitesurf. Una pena que no nos dediquemos a nada de eso. No hay mucho más que hacer aquí. Excepto, meditar y ver el mar. Sin embargo, si la playa fuera buena y hubiera buena hierba, creo que no me iría nunca. Aunque suene mal, he de decir que me gustaría ver drogado alguna vez a Miguel. Mejor dicho, me gustaría que se anime a fumar marihuana alguna vez y que me diga si eso no es mejor que tomarse varias pastillas diarias. Mañana, tarde y noche. Para el dolor de espalda, para dormir, para el estómago y para el asma. Talvez yo tenga una adicción y esté acostumbrado a sobreestimarla, pero también es verdad que cada vez más médicos en el mundo reconocen su poder curativo único. Sin embargo, respeto mucho su opción y admito que admiro a la gente que es sobria y que sabe divertirse también. Y claro, hemos empezado a hablar ya del fin del viaje, de nosotros, y cómo nos sentimos luego de tanto ir y venir. Es como si por ratos nos invadiera una especie de oleadas de nostalgia anticipada. Porque sabemos que el viaje va llegando a su fin. Y no hay forma de evitarlo. No sé qué encontraré en Palma al llegar. O si extrañaré esto cuando esté ahí. O si llegaré a una casa vacía. O si encontraré comida pudriéndose en la nevera otra vez, o telarañas. O monstruos debajo de la cama. A veces fantaseamos con quedarnos a vivir aquí para siempre. Dedicarnos a la pesca artesanal y pasar el día en el puerto, viendo a los chicos hacer clavados desde el puente. Comiendo sardinas de día y cous-cous los viernes. Oyendo a Jimmy Hendrix y Tinariwen, mientras vemos películas de Orson Wells.
DÍA 26 SIDI IFNI 09:50 Aquí en Sidi Ifni, hay unos parques muy bonitos, muy coloridos y la mayoría de casas están pintadas de blanco y azul. Se puede comer muy buena comida marroquí y hasta batidos de frutas para desayunar. Sin embargo es muy difícil, por no decir casi imposible, comerse un buen omelette. Me explico. Ayer, lo intentamos en un pequeño restaurante a unas calles del Bellevue. Pero fue imposible. Primero nos pusieron un pan con tres gambas frescas y algo de huevo, así que me puse de pie y me quejé que eso no era un omelette, que nos habían traído un sándwich. Entonces el que parecía el dueño del establecimiento me dijo que no me preocupara. Pero a los cinco minutos nos trajeron el mismo sándwich, esta vez con el añadido de un huevo frito dentro del pan. En ese punto saqué mi teléfono móvil, busque en Google “omelette” y le enseñé las fotos al dueño del restaurante. Según él, nos había dado lo mismo. Y por problemas idiomáticos no pude preguntarle si acaso estaba ciego o si simplemente era tonto. La verdad no entiendo cómo se puede tener la cara de tener un negocio de comida y tomarse a las personas tan poco en serio. Como nunca nos detenemos, hoy por la tarde volveremos a Agadir, ya que mañana salimos de ahí a media noche en un autobús de lujo a Casablanca, aunque me hubiera conformado con cualquier autobús de asientos numerados. Y al día siguiente de llegar a Casablanca, volveremos a Mallorca, vía Málaga. Así que además conoceré una ciudad de España que aún no conozco. Anoche disfrutamos de la preciosa terraza del hotel, con vistas a la playa, bajo un hermoso cielo estrellado. Y nos bebimos media docena de Stork, mientras conversábamos. La Stork, es la cerveza más típica de Marruecos, que al fin y al cabo, concluyo, no es un país tan abstemio como yo pensaba. Aunque no tan buena como la Casablanca Especial, que cuesta casi el doble. Tengo hambre, y aunque me veo gordo con todo lo que he comido aquí, la verdad es que no me importa. No me he cortado nada con la comida durante este tiempo, y eso es lo contrario de lo que hecho el último año, yendo todos los días tres horas al gimnasio y olvidándome de los postres… ¡Pero ahora… hay que ir desayunar!
Palma de Mallorca
Más que un comienzo, esto parece un final. Es raro, justo cuando vas a partir, sentir que en realidad estás llegando a algún otro sitio. He dudado mucho en empezar este viaje, debido a cierta situación que estoy atravesando. Pero he llegado a la conclusión de que me arrepentiré toda la vida también, si no parto mañana al África, con mi amigo Miguel. Hoy me han pinchado tres vacunas: En el brazo derecho, la vacuna contra la hepatitis A y en el brazo izquierdo contra el tétano y la fiebre amarilla. Y también me han recetado unas pastillas: Malarone. Deberé de tomarlas todos los días para evitar el riesgo de malaria. Incluso desde unos días antes del viaje. Pero no he tomado ninguna aun. Aunque sé que debí haber empezado ayer. No me preocupa mucho la malaria en realidad. Me preocupan, otras cosas, como no tener aún la visa para Senegal, nuestro anhelado destino. De mi visa, sólo tenemos, el recibo electrónico de haberla pagado. Y, según he averiguado podría tener algunos problemas para entrar. Es uno de los riesgos de dejar los detalles importantes para última hora. Soy peruano, y qué casualidad: Hoy es el Día Nacional de mi patria. ¡Viva el Perú!
JULIO 29 PALMA (aun) Mi mañana un poco rara de todos modos. Como de costumbre. Casi no dormí. Me pasé la noche sentado frente a la tv completamente apagada pensando en qué empacar y qué no. Y eso que es una buena tv, con internet y juegos. Por la noche, me distraigo viendo por el balcón a las palmeras y a las luces de los mástiles de los yates que están atracados en el paseo marítimo. De tanto en tanto, como pequeñas violetas fugaces, aparecen en el aire los juguetes que los senegaleses y nigerianos venden en la plaza a los turistas. Unos tal vez hayan venido en yates o cruceros a este lugar, otros tal vez hayan llegado hasta aca en avión, o nacido en esta isla también. Pero hay otros que probablemente hayan llegado en pateras, apretados y no tengan dónde dormir, ni qué comer. Todos juntos pasan la noche en paz, frente a las serenas terrazas de la Plaza Lonja. La casa está limpia y hay comida caliente en la cocina. Pero yo estoy solo, y no tengo hambre. Me siento solo. No esa soledad de “qué solo estoy en el mundo, qué solo me han dejado todos”. No, esa no tengo derecho a sentirla. Es más bien una especie de soledad más específica, algo que me hace sentir que esta casa es demasiado grande para mí solo. Aunque sea un estudio, y no tenga más de 80 mº. Y me costará mucho salir. No sé si mencionar esto aquí, pero escribí al menos dos cartas para la persona con la que había estado viviendo hasta entonces. Al final las rompí. Reviso -una vez más- todo con la mirada y me cercioro que no queden restos de comida, ni desperdicios por ahí. Después de todo el viaje, durará al menos un mes. Y la última vez que había llegado de viaje, un par de semanas atrás, había cucarachas cerca a la basura y comida pudriéndose en el microondas. Fue asqueroso.
PALMA DE MALLORCA– aeropuerto La sobrina de Miguel nos llevó amablemente en su coche al aeropuerto. Durante todo el camino ellos conversaron de lo lindo en mallorquín y yo no me enteré de nada. Casi todo el camino viajé durmiendo. Estaba muy cansado. Más de lo que me había dado cuenta.
VALENCIA Recuerdo subir y sentarme en el avión. Y lo próximo que vi es que ya estábamos volando. Sólo estaremos aquí 40 minutos antes de embarcar para Marruecos. El avión de Air Maroc que nos llevará se ve antiguo y pequeño.
CASABLANCA Este avión fue más grande, cómodo y ventilado que el anterior. Tres horas de espera en un aeropuerto pequeñísimo. Me distraigo viendo a los hombres y mujeres bereberes con sus trajes, tan cómodamente sentados en el aeropuerto. También hay africanos vestidos como verdaderas estrellas del pop. Ya sabes, sombreros, alhajas, ropa de marca y auriculares enormes. Como los que me gustan a mí también. Viajamos a Senegal, al país del Wolof, los Mandinga y también del Rally automotriz más famoso del mundo. Que dicho sea de paso ya no se hace acá. Vamos a relajarnos, a descubrir, vamos a tomar fotos, a huir de la monotonía de nuestras vidas, vamos a conquistar Africa. No sé más.
DAKAR (media noche en un pequeño aeropuerto senegalés) Este sitio es el tercer mundo pegándote en la cara lo más fuerte que te puedas imaginar. Algo me decía que no viniera y no me hice caso. Espero que la próxima me escuche más. Llevamos una hora al menos en la aduana queriendo pasar. Y aparece el jefe diciendo que lo mínimo habría que esperar aquí toda la noche hasta que me aprueben la visa, o que venga el otro jefe. Solo con la hoja del pago realizado no me dejan pasar y era lo que temía. Debí haberme fijado yo mismo en el tema de la visa. Nunca me había pasado algo parecido. Joder.
DAKAR 4AM – SALON PRESTIGE DEL AEROPUERTO Hay cosas que hay que ver para creer. A eso de la 1 am un oficial nos ofreció ir a una sala “vip” con sofás, bar, tv y aire acondicionado. Aquí dentro del aeropuerto. La estancia en la sala tiene un precio de 10 euros por persona. Lo que le da a cada uno, el derecho a permanecer ahí hasta 3 horas más una bebida. Nosotros hemos pedido Heineken y Red Bull. Es como una cárcel pero sin rejas, ya que tampoco podemos ir a ningún otro sitio, ni salir del aeropuerto. Miguel se siente culpable y me acompaña en todo momento aunque podría haberse ido al hotel que teníamos reservado para dormir mejor. También hay otros africanos, saudíes y una asiática. Y también una mujer con pinta de europea que no se separa de sus maletas envueltas en plástico. NO sé por qué estarán ahí. Me imagino que todos estaremos por algo parecido. Sea lo que eso sea. 5:40 am Hace un momento, un policía vino a decirnos que mañana (hoy) a eso de las 9 o 10 de la mañana vendría otro policía, de nombre Ousabi o algos así. Según nos dijo, él iría con Miguel al centro de la ciudad para “acelerar” mi visado. Me preocupa lo que dice desde todos los puntos de vista. ¿Otro jefe?, ¿Mañana?, ¿Acelerar? Al menos es lo que ambos hemos creído entender. Es increíble ver como ocurren las cosas aquí. Los burócratas se creen reyes y todos van a su propio ritmo. Todos los países en vías de desarrollo son iguales. Bestiales, colonizados, irracionales. Como aquel, típicamente, donde yo nací hace muchos año.
8:10 am DAKAR AIRPORT (AUN) Hace un momento tratamos de ver si había “alguna respuesta” de la visa o del tal Ousabi. Así que distraídamente dejamos la sala VIP y fuimos a la sala de llegada. Estas personas apenas se inmutan mientras les hablas. Como si te hicieran un favor sólo por responderte. Uno nos señaló a otro y nos dijo que ése era el jefe de turno. Así que fuimos tras él, prácticamente persiguiéndolo de un lado a otro durante un momento de una forma casi cómica, porque andaba como si quisiera deshacerse de nosotros, hasta que este “jefe” miró su reloj y nos dijo que en una hora llegaría “su jefe” para que mire los papeles. He llegado a pensar que nos están vacilando. Una pequeña alegría hace poco fue descubrir que al menos había wifi en este lugar. Y me he puesto a contestar y a escribir WhatsApp. Sería una pena tener que irse ahora después de casi todo un día de viaje y esas malditas horas de espera. La sala Prestige me recuerda al lobby de un hotel lleno de televisores, aires acondicionados y sofás. Donde se dice recepción, que se diga barra. Ahí sirven las bebidas. En el medio de la habitación están los baños, que son forma circular y donde parece que ponen un papel higiénico al día y no más. Si hay algo que no se echa en falta aquí son colas, desorden y tratos diferentes según quien seas. Y eso no es justo para nadie. Recuerdo que había una chica en el avión, muy guapa, con uno de esos vestidos de tonos anaranjados y con un tocado en conjunto. Cuando el avión se detuvo avanzó prácticamente empujando a las personas que había en medio del avión. Luego ella y su marido subieron en un autobús exclusivo para ellos, mientras todos los demás viajeros nos apretujamos en otro. Y, -por ultimo- al momento de mostrar pasaportes, un policía les abrió paso entre los demás viajeros para que les atendieran primero ellos. Al parecer eran gente importante. O algo así.
16.00 aeropuerto de Dakar (uuf..) Sí, seguimos aquí en la sala Prestige, ubicada al lado de la sala de embarques. La única felicidad del día ha sido pedir pescado frito con arroz y dos cervezas en la cafetería del aeropuerto. La única que hay. Sigo casi sin pegar ojo. Ha venido otro oficial a decirnos que a las 23:00 horas embarcamos de vuelta a España. Aunque el plan a estas alturas es pirarnos a Casablanca. Eso no tiene cómo salir mal. O eso espero. Me arrepiento mucho de no haber traído nada para leer, pero al menos si vamos a Marruecos sé que ahí habrá más diversión.
22.00 Aeropuerto de Dakar (bye, bye?) Las únicas almas simpáticas de este aeropuerto han sido las limpiadoras. Hace un par de horas fui al baño y me dieron conversación cuando Salí. Estaban comiendo pan con Nutella, las tres y una me ofreció de todo corazón, su bocadillo y algo de té. Casi se me saltan las lágrimas. Les preocupaba que pudiera estar pasando hambre tantas horas retenido en el aeropuerto. Me preguntaron que cómo me sentía, que si me podían ayudar en algo. Les dije que estaba muy triste porque no podría conocer su país. Y que si había algo que me vendría bien de ellas en ese momento seria por lo menos un abrazo. Entonces vi como asentaban la cabeza, yo tenía razón, le dije a una sobre todo que me parecía las más guapa y dulce, que era muy bonita. Ella se rio y su respuesta me sorprendió un poco, aunque claro yo no hablo mucho francés, ni menos Wolof. Pero creo que me dijo que todo podía pasar. Me dieron mucha confianza, así que las abracé, sin llamar mucho la atención, porque todo pasaba fuera del baño mientras la gente entraba y salía. Y las besé a todas cerca de la boca y sentí su calor y su sudor. Y eso me ha hecho feliz. Y ahí aproveché para hacerme otra foto y enviársela a mi madre, porque anteriormente también le envié una foto mía. Tres días atrás exactamente. Donde según ella se me veía triste. Y quería cambiar esa impresión. Ahora sé que tengo que poner fin a algo que tal vez nunca empezó, ¿o sí? Soy capaz de odiar tanto como quiero… ¿Qué va a ser de mí? Sé que Miguel será un buen compañero de viaje. Sera pequeño y de apariencia débil, pero es perseverante y estable. Yo soy grande y fuerte, pero creo que ninguna de esas otras dos cosas. ¿Cómo será si alguna vez no es así? Juntos pensamos reconquistar Marruecos, pero no para España, sólo para el Reino de Mallorca. Entendiendo que somos nosotros los reyes de la isla. Él me ha dicho que la idea de viajar conmigo le parecía fantástica. No sé qué más hacer para que el tiempo transcurra más rápido en este maldito aeropuerto. He comprado dulces a base de Baobab, uno de ellos con sabor a Baobab y a jengibre. Eso también me parece mágico. Porque el Baobab me hace recordar cuando leí el Principito. Y durante mucho tiempo pensé que el Baobab no existía, que era una invención del escritor. Hasta que una tarde paseando por Lavapiés con una exnovia, descubrí una tienda de helados con los sabores más exóticos que había visto en mi vida. Hasta ese momento claro. Uno de ellos era el de Baobab. De pronto he comenzado a pensar en helados. Cualquiera que me conozca algo hoy por hoy, sabe que me encantan. Y que a veces por eso se meten en mi mente incluso cuando yo no quiero. Como por ejemplo ahora. Madre mía, que ganas… En Pere Garau, en Palma, hay una tienda de una familia africana, ellos importan Baobab de Senegal. Me encanta tomarlo porque es una gran fuente de energía. El problema es que tiene unas semillas muy duras. Y eso ya me ha costado al menos las cuchillas de tres mezcladoras, al querer hacerme algún batido de Principito con leche, que diga, de Baobab con leche.
1ro AGOSTO MARRUECOS (FINALMENTE) Luego de estar unas 26 horas en el aeropuerto de Dakar. Finamente nos (me) soltaron de vuelta a Casablanca, por donde ya habíamos pasado dos días antes. Aquí hemos pasado el día caminando, prácticamente al lado del mar, y llegamos hasta la Gran Mezquita Hassan 2. Luego a la Plaza de Mohamed V, subimos a lo alto de la Catedral Católica- Galería más bien gratuita, pero donde nos cobraron unos 20 Dírham c/u para subir hasta el techo de la iglesia. Nunca había estado en el techo de una iglesia. Aunque había visto la catedral de Palma de Mallorca grabada por un drone en el YouTube. Las vistas ahí arriba eran fantásticas. Yo me paré cerca del borde para tomar unas fotos y Miguel se puso tan nervioso que casi vomita. Luego a la bajada, vimos que había mucha pareja sentada en el parque, pero ninguna se besaba ni se tocaba. No es que me interesen los cariños que se pueda dar una pareja en la oscuridad de un parque. Sólo era extraño. No sé por qué. El parque que está a continuación, está lleno de cochecitos de alquiler para niños. Esos cochecitos llenos de luces, controlados a control remoto, por sus dueños. Que suelen ser chicos jóvenes, que también podrían estar trabajando para alguien más, claro. Algunos tienen uno o dos, pero hay quien puede tener 20 o 30. Diría yo que este es un negocio viento en popa, en las noches de verano de Casablanca. Ahí mismo en el parque Mohammed V, en el centro de la ciudad, rodeados de edificios oficiales, como el ministerio de Justicia, el Ayuntamiento, y lo que parecía ser una especie de Ministerio de Agricultura, al lado de una de las avenidas más importantes de la ciudad, comimos escargots, de carretilla, y bebimos zumo de naranja, de carretilla también. Y luego nos sentamos un rato a contemplar a unos jóvenes que boxeaban deportivamente y de forma completamente amateur, en el centro de la plaza. También comimos mucho higo chumbo y fuimos por el zoco y llegamos al borde del mar. Finalmente comimos un shawarma plat con ensalada extra y agua grande, todo por 100 Dírham. Cuando regresábamos al hotel se nos acercó en la calle un tipo que nos ofreció costo. Yo creo que nos quería marear. Nos habló de que había policía secreta, de que se arriesgaba mucho. De que nadie nos vendería. Y finalmente le pillé 200 dírham, por una cantidad que no debía de llegar ni a los dos gramos. En realidad, le pagué para que nos dejase en paz. Porque sabía que se quería pasar de listo con nosotros. Pero también porque me gusta mucho la marihuana. Y me cuesta trabajo decir que “no” cada vez que me la ofrecen. Mucho menos cuando estoy de vacaciones. Así que pillamos y nos vinimos a nuestro hotel a probarla. El Hotel Al Mamoun, cerca de la Plaza de las Naciones Unidas, en el centro de Casablanca. Sólo he fumado yo, claro. Miguel no es de fumar en realidad. A él le basta una cerveza -o dos- de vez en cuando para estar contento. Así que luego habrá que ir a buscar algún bar para ser equitativos. De momento, yo estoy aquí sentado en el trono del baño, probando el excelente costo de Casablanca. Cago, fumo y escribo. Triunvirato del placer.
DIA 2 (de Agosto y de Casablanca) Vuelta nocturna por la ciudad, nos perdimos, pero regresamos a la ruta y llegamos bien. La ciudad de noche es otra cosa. Bien descansado es otra cosa. Hoy llegamos hasta el Far de Casablanca, luego de dos horas de camino, a pie por la costa. Pero estaría cerrado -una hora más- hasta las 2 pm cuando llegaría el guardia, que había ido a rezar. Nos quedamos un rato, reconociendo que estaba nublado y que aunque subiésemos la vista no sería la óptima. Yo estaba algo cansado de tanto camino de tierra y tanto mal olor. Porque los desagües están cerca y algunas personas por aquí tiran toda la basura al mar, y huele fatal. Así que nos fuimos. Sin embargo, por más miserable que fuera el sitio, la gente seguía pareciéndome educada y simpática y eso me daba tranquilidad. Luego paramos a tomar un chai en un bar donde el tendero no hablaba ni francés, ni inglés, ni castellano, ni italiano, ni nada que supiéramos, pero como siempre nos hicimos entender. Y luego hemos topado un cementerio católico en ruinas, y en la medina terminamos comiendo un cous-cous buenísimo También he visto a unos niños patinando por la plaza de las Naciones unidas que parece que fueran a ser atropellados en cualquier momento, se cogen de los coches y van por la carretera que nadie respeta. Por la noche repetimos la ración de scargots (20 dírhams c/U) y le hemos echado un ojo al pollo a la brasa que venden por todos lados. No sabemos qué especies le ponen, pero hay una que parece gusanillos blancos y que es algo amarga. El hotel tiene wifi. Le he hecho escuchar mi música a Miguel y le ha gustado creo. Yo que pensaba que sería imposible sacarlo de Miguel Bosé y el soundtrack de Jesucristo Superstar. Wow. A dormir
DIA 3 -CASABLANCA Por donde vayas, dentro de la Medina, oirás que te llaman para ofrecerte algo, lámparas, comida, protección, drogas… hola, amigo, ¿Porro?, ¿Chocolate?, ¿Amigo, de dónde eres?, ¿English?, ¿Française?, ¿Qué idioma hablas? Algunos son muy listos y aciertan hasta con la nacionalidad…. Pero la mía era muy difícil… ¿Argentino o peruano?, me descubrió uno y vaya si me sorprendió. -¿Qué tal?, ¿De vacaciones?, ¿Qué están buscando?, ¿Algo rico para fumar? -No, que no tengo el dinero -les digo- que sois muy pesados. Que a mí me gusta mucho el porro, no me agobiéis, no me voy a gastar todo el dinero en eso… ¡dejarme en paz! At the hotel now. Je suis péruvien. Tengo una ensalada mental por los idiomas y esto apenas está empezando. La necesidad de comunicarse crea una especie de tensión que cansa. Como ahora que casi nos peleamos con un guardia en la estación de Mekka, cerca de la universidad de la ciudad. Nosotros queríamos saber cuáles eran las siguientes estaciones del metro y por alguna razón el hombre creía que nos queríamos colar sin pagar. La cosa se puso fea cuando se puso a hablarme en árabe. Y tuve la impresión por un segundo que él pensaba que yo era uno del lugar. Y que me hacia el tonto. Creo que eso me pasa por tener rasgos tan árabes. Herencia probable de algún pirata o marinero que desembarcara en el Callao algunos siglos atrás. Luego terminé gritándole a un camarero porque se tardaba demasiado en traer mi helado. Recuerdo haberle pedido amablemente dos zumos de naranja y dos helados, y solo trajo uno de cada. Y había 40 grados de temperatura. El jovencito pulcro, uniformado de camarero, con pantalón negro, camisa de rayas y pajarita, sonreía mucho pero no traía nada. Así que le grité algo así como “Que ’est que il y a ton tête?” queriendo decir algo así como “¿Qué hay en tu cabeza?” Yo hablo muy poco francés y me imagino que además de pensar que soy un pedante se habrá dado cuenta que soy un ignorante de la lengua gala. Pues estoy seguro de que así no se dice. Por lo demás el helado, aquí muy rico, pero algo caro, comparado con los que venden a pie de calle. Al final comimos uno de chocolate, coco y otro que no entendí bien pero era como anaranjado, rojizo y se parecía a la lúcuma. Solo que llevo años sin comer lúcumas y por eso me queda la duda. Porque en realidad no sé si hay lúcumas en África. Hoy también intentamos llegar hasta las oficinas de Air Maroc, y lo conseguimos, con la ayuda de Google Maps. Luego de que me descargara al mapa de Casablanca en mi móvil con el wifi del hotel. El plan en un rato es ir a ver la puesta de sol a la zona de la Mezquita, es decir, a pie del mar. Tout va bien, Je suis un poco traurig, aber life is short, we must enjoy while we can. I don’t want to feel sad, but my fucking heart is somewhere else right now (that’d be in Spain). ¡Demasiado que escribir el día de hoy! También tengo que contar que aquí es raro ver a alguien con pantalón corto. Incluso en verano. Es raro incluso que algún hombre, y sobre todo mujer, enseñe los hombros. En pleno verano. Aunque creo que eso ya lo dije. ¡Ni siquiera en la playa! Y tengo que reconocer que empiezan a hacerme sentir casi algo exhibicionista. Pues yo voy por aquí como me gusta ir en verano. De abajo para arriba: chanclas, pantaloncillo, camiseta sin mangas y gorra. Miguel un poco más recatado en ese sentido, suele llevar un pantalón ancho, que se ha comprado aquí en el mercado por 5 euros, al cambio. Y después de regatear meda hora, claro. Zapatillas deportiva,s pues las chanclas le causan dolor de pies al caminar, y luego se pone alguna camiseta de las muchas coloreadas y alegres que ha traído al viaje. A mí me llaman la atención pues solo suelo llevar las de colores enteros: negro, azul, blanco, o como mucho verde militar. Cuestión de gustos. Lo peor de todo es que yo ni siquiera he traído pantalones largos, excepto uno, de chándal, ya me dirán para qué me sirve si voy en chanclas todo el día. Pero la verdad, aunque no lo creáis esa es la combinación favorita de la gente del lugar. Chándal con chanclas. Porque es lo más cómodo y así no se ven obligados a enseñar las piernas. Good Bye.
4 AGOSTO -RABAT Not even they can stop me now Hoy llegamos en bus desde Casablanca. Partimos en el bus de las 12, que salió finalmente a las 12:20. Y que tardaba cuatro horas. Aunque llegamos a las 6. En la estación de autobuses, gare de routiere, como le dicen ellos, todo era en árabe y no fue tan sencillo hacerse entender, pero todo salió bien. Una vez en Rabat, andamos un buen rato a pie, y luego llegamos a la Medina antigua en autobús, donde tomamos el primer hotel que tuviera alguna habitación libre, pues estábamos verdaderamente cansados. Y fue así como llegamos al hotel Alger: pequeño, barato, limpio, sin ratas, espero. Tiene los mismos 23 canales de cable que había en Casablanca. Luego de caminar en procesión por el zoco de la Medina más o menos una hora llegamos al mar. Encumbrada por la fabulosa Kasbah azul, la playa tiene varias orillas y pequeños islotes a mitad del camino. En realidad la forma en que entra el agua por aquí hace que esto parezca un rio. Hay barcas que te llevan de paseo y puentes para cruzar al otro lado. La arena es un lugar vibrante, repleto de niños, ferias, mercadillos, vendedores ambulantes. Los hombres jóvenes juegan mayormente a la pelota, o hacen flexiones antes de entrar al agua. Las mujeres suelen juntarse a la orilla, y no se quitan sus vestidos, ni los pañuelos, están sentadas en la arena, o mojándose en la orilla. Me pregunto si no detestarán irse mojadas a casa. Debo de estar mimetizándome muy bien porque hace un rato alguien aquí me preguntó la hora en árabe. Y Atiha, una mujer que viven en lo alto de la Kasbah y que nos abrió su casa para contemplar el mar, me dijo que yo podría pasar por un marroquí, sino abro la boca, claro. Atiha fue muy amable, nos vió haciendo unas fotos, y al ver, que por la hora, nos habían cerrado el acceso al mirador principal, nos dió conversación y luego nos ofreció algo de té. No tenía velo, y se veía que era una mujer muy educada. Nos dijo que había ido a la universidad, que su hija también estaba en la universidad y que su marido era extranjero, aunque no preguntamos de dónde. Luego del té, le ofrecimos muy discretamente 20 Euros por la molestia, cosa que ella agradeció con modestia y simpatía. Finalmente Miguel y yo, nos hicimos muchas fotos en su azotea y la mayoría de ellas quedaron muy bien. En resumen: Estamos en Rabat. Al parecer bien ubicados, en medio del asqueroso mercado de comida, especies y casi todo lo que te puedas imaginar (en serio). Es increíble lo pobres que parecen ser algunas personas en combinación con lo pacifico que es este país. Machista y conservador sí, pero muy pacifico. Otra cosa que he notado con sorpresa es que todos parecen amar fervientemente al rey. Había visto otras monarquías, todas europeas y en general ahí a nadie le importa quién sea el rey. Pero aquí algo o alguien te recuerdan al Rey cada dos minutos. Ya sea algún enorme monumento, los nombres de las calles, las revistas de los kioscos, toda obra inaugurada en el país, será inaugurada por su majestad, y toda institución que favorezca las artes, las ciencias o la educación, será patrocinada por su majestad, o alguien de su familia. A propósito, me enteré leyendo una revista, que coincidiendo con el final del Ramadán -hace una semana más o menos- su Alteza Real cumplió 15 años de gobierno. En su parco y seco discurso habló de un proceso introspectivo de la economía del país. Habló de un paralelo con la vida de toda persona al llegar a cierta madurez, y de la necesidad de hacerse preguntas y concluir si efectivamente las medidas tomadas por uno son las mejores, en su vida. O, trasladándolo al país, si las decisiones del gobierno han sido siempre las mejores para toda la población. Suena a sentido común. Y a algo que todos deberíamos hacer. Hoy comimos una fritura mixta de pescado y luego de noche unos sándwiches preparados con algo parecido a la ternera, pero también al pollo, con cebolla, mucha cebolla y pimienta, y comino… Hora de dormir. Se me cierran los ojos. En nuestra búsqueda por una Casablanca alcohólica acabamos hoy en un bar impensable, a simple vista. Por fuera, guardias de seguridad, y sólo unas cuantas luces de neón. Por dentro un pub muy moderno. Principalmente en rojo y negro. Los motivos no eran nada típicos, claro. Era un bar tipo americano. Con máquinas de discos, música pop-rock, motivos deportivos y cerveceros. Y unas pantallas planas en las que ponen el MTV árabe. Dentro puedes beber todo el alcohol que quieras. Lo increíble es que no puedas beber más que eso, ni agua, ni coca cola. Como mucho, cerveza sin alcohol.
AGOSTO 5 8:20 RABAT Hace poco me han despertado los olores de la Medina, que entran por la ventana del hotel, es una mezcla de sopa caliente, con especias, garbanzos, caracoles, taijin, no sé. Pero huele, huele tan rico que es casi una masturbación olfativa. Hoy también -a eso de las cinco de la mañana- nos han despertado los cánticos sagrados, como todos los días, pero esta vez se me han hecho mucho más cortos. Anoche caminamos mucho y llegué casi muerto a la habitación. NI siquiera encendimos la tv, y mira que me gusta ver la tv. Aunque sea en árabe o francés, porque trato de adivinar lo que la gente dice por la cara o las imágenes. Ayer anduvimos por Sala (Cheelah), lo que se considera la primera fortaleza de Rabat, los vestigios más antiguos, con necrópolis y restos romanos y ahí nos hicimos muchas fotos y también fotografiamos las cigüeñas. Y también conocimos a las anguilas eléctricas que son las protectoras del antiguo palacio y aún viven en los canales que le rodean. Hay una fuente de la que emergen si les lanzas trozos de pan y los turistas van ahí a verlas y a hacerles fotos. Ah, también descubrimos otro hueco para comprar alcohol en el mercado central. Es un puesto a medio cerrar, en la sombra, donde puedes comprar vino y cerveza barata (12,5 Dírham aproximadamente). Muy barato. Hasta ahora no he visto ningún sitio con wifi. Pero hay un cibercafé muy cerca de aquí y ayer estuvimos ahí. Fue muy difícil para mí conectarme a mi correo porque para empezar el teclado está en árabe y nada es igual que en un teclado europeo occidental. Sólo para encontrar la arroba debí haber perdido al menos diez minutos. Hoy toca hacer día de playa principalmente. ¡Bravo! Otra cosa que hicimos ayer fue visitar la tumba Mausoleo de Mohamed V el padre del actual monarca, qué lujo, qué detalles, para variar. Uno no puede hacer sino pensar cuando ve estas cosas, en que el lujo funerario que muestra la realeza, no será ni la sombra de aquel con el que viven a diario.
DIA MIERCOLES 6 DE AGOSTO RABAT Ayer todo el día de playa en Rabat. Sol, comida, y mar. Y mucho más. Había un viejo que nos quería vender porros, pero solo a partir de 50 Euros. Que ambicioso, pensé. Y pasamos de él. Me gusta la marihuana, pero no tirar el dinero. Al rato me pararon unos, que pensaban que yo les podría vender. Más graciosos aun. Anoche nos bebimos un vino, mientras volvíamos de la Hassan II. El camino al pie del mar, viendo las estrellas, nos inspiró una charla religiosa sobre el universo y el amor universal, y dios, y la naturaleza, y creo que nos emborrachamos de ideas al final, y nos abrimos y nos contamos cosas y nos sentimos contentos y en paz con el mundo. Recuerdo que en algún momento Miguel me preguntó por qué me gustaba tanto fumar marihuana. Le dije que en realidad no lo sabía. Todo empezó hace muchos años, como jugando. Y hoy he llegado a un punto en que me cuesta digerir la comida, dormir, reirme o interesarme por algo sin haber fumado un poco antes. También le dije que la marihuana tenia efectos benignos sobre la salud. De otro modo los médicos de todo el mundo no estarían empezando a recetársela a muchos de sus pacientes. El me dijo algo así como que si no me daba miedo depender de algo externo para ser feliz. Le dije que si, que a veces incluso me daba vergüenza. Pero también creo que todos dependemos de algo externo para ser felices: alcohol, cigarrillos, tv, religión, comida en exceso, etc. Y que entre todas esas drogas, yo preferia la marihuana, por ser la que considero menos dañina. -¿Y tu crees que tu vida hubiera sido diferente sino hubieses dependido tanto de la marihuana en los últimos años? -Claro que si, le dije. Es más, es probable que talvez nunca hubiésemos hecho este viaje, si no fuera por eso. Ahora mismo son las 10:30 am y ya hemos desayunado, y tenemos todo empacado y guardado, porque de un momento a otro… ¡nos vamos a Fez!
DÍA 7- FEZ El Ryad en que estamos es encantador. Se llama Dar Tamo, y es una construcción de hace siglos, decorada con mucho gusto, por su dueña, Madame Lawrence, una francesa que lleva al menos 15 años viviendo en esta ciudad. Hay que decir que la de Fez, donde estamos ahora es la Medina más antigua del mundo. Y que de verdad cuando vas por ahí, tienes la sensación de haber retrocedido cientos de años en la historia. El edificio del Ryad, escondido tras un mísero portón te sorprende inmediatamente por su patio con fuentes, y todo el suelo, y sus balcones concéntricos, decorado de cerámicas. El problema es que para llegar hemos dado muchas vueltas y ahora para salir no sé si podremos encontrar el camino de regreso. Es más, casi casi que prefiero no salir. La verdad, apenas llegar nos han comenzado a seguir, en grupos, ofreciéndonos de todo, o pidiéndonos monedas. Había un niño de 8 años que decía que su padre tenía el mejor costo de Fez. Luego los dueños de los hoteles que nos han hecho entrar para conocerlos. También los que se ganan la vida haciendo de guías turísticos (unos más improvisados que otros) nos han seguido. Finalmente una pandilla de adolescentes se ofreció a ser nuestros protectores. . -¿Protectores de qué? –les pregunté -Es que acá en Fez hay gente muy mala que va con cuchillos –me dijo uno Llega un punto que te agobian, luego te ponen nervioso y quieres gritar y mandar a tomar por culo a todo mundo. Pero entonces hay que levantar un poco la cabeza, respirar y sonreír. Y no hacerles mucho caso. NO es descortesía. Es autoprotección.
AOUT 8- en alguna parte de la cordillera del atlas No sé cómo hemos terminado en esto en realidad. Desde el comienzo, la medina de Fez, con sus paredes cayéndose a pedazos. Te impone por lo laberíntica que puede ser. Para explicarlo de otro modo. El primer día en Fez, estarás perdido en Fez. Luego de dejarnos llevar por caminos hasta un precioso Ryad –Dar Tamo- donde alquilamos una habitación. Fuimos a pasear y muy bien. Pero para volver, una pesadilla. Porque eran más o menos las dos de la mañana, y estábamos cansados y desorientados y las calles estaban casi vacías y al final tuvimos que pagarle a alguien para que nos llevara al hotel. Y así cada vez que queríamos salir. Por eso he terminado peleando con Miguel, porque le dije que en el Dar Tamo hay una terraza muy bonita desde la que se puede apreciar toda la ciudad mientras te tomas una cerveza y te fumas un cigarro. La cosa es que Miguel se ofendió un poco y me dijo que él nuca había pasado tanto tiempo en un hotel, y que no viajaba tan lejos para quedarse en la terraza tomando una cerveza. En fin, que no me ha hecho mucho caso y ahora estamos en un coche yendo al desierto y no quiero admitirlo pero me siento un poco abrumado. No solamente ya por el hotel de Fez, y la medina, y la velocidad a la que van las cosas, sino además por la abrumante sensación de no tener ni puta idea de dónde nos estamos metiendo. Todo es culpa de Rashid, que hablaba muy bien el castellano, y el inglés, y el francés y el árabe, y el alemán y quién sabe qué más. Y que lo increíble de todo es que jamás haya dejado Fez. Rashid nos interceptó en la calle, de una forma extremadamente educada y yo creo que nos dejamos llevar por él. Al cementerio judío, al horno del Haman, al horno de pan, a la antigua sinagoga, y finalmente a la agencia de viajes donde nos sentaron en tronos -literalmente hablando- y nos “invitaron” a té. Y sin pensarlo mucho llegamos a un trato con ellos. Por 3500 Dírham, (originalmente 4,500, lo que indica que estamos aprendiendo a negociar las rebajas) nos llevan a los dos en alfombra mágica, taxi Mercedes, camioneta 4 x4, camellos, burros y lo que haga falta, a través de las dunas del desierto hasta un hotel fantástico que tienen ahí con piscina y aire acondicionado. Ahora bien. Lo mejor del viaje hasta el momento ha sido -de un lado- darle de comer a los monos salvajes que están en el camino y del otro la charla con Mohamed, nuestro conductor. Es cierto que conduce como loco, que va hablando por dos móviles a la vez (uno por cada oído), que adelanta en prohibido, y que toca el claxon para saludar a sus amigos. Pero aun así, es simpático. Cosas del desierto. También hemos hecho una pausa para comer, la camarera era una chica con caderas muy anchas, y pestañas muy largas. Y cuando le quise hacer una foto no me dejó. Se tapaba la cara, me enseñaba su anillo y curiosamente señalaba al carnicero que estaba al lado. No entendía nada, pero como el carnicero afilaba en ese momento un hacha enorme, fui precavido y guardé la cámara. Ahora hemos parado para que Mohammed vaya a rezar un rato. El coche esta algo fresco y prefiero no salir de aquí. Miguel ha ido un rato a andar por ahí, pero acaba de venir para decirme que ha visto un termómetro en la calle que pone 45 grados. Cada Taijín es diferente pero igual. Cada ciudad es diferente pero igual. Todas las personas son diferentes pero iguales. Hace mucho calor, hace mucho olor, mucho sabor. Tanto calor que en realidad no me apetece nada seguir escribiendo. Chau.
Día 9 MERZOUGA – DESIERTO DEL SAHARA Si no fuera por el calor que hace, aquí esto estaría muy bien. Por fuera el hotel parece un palacio muy antiguo. Sus paredes son del color del desierto, Y si alguien lo estuviese viendo de muy lejos. En algún punto podría llegar a pensar que es un espejismo. Nos han dicho que la mejor época para venir es el mes de diciembre, que no hace tanto calor. De alguna forma el calor en el desierto afecta más que en la ciudad. La piel se me ha resecado tanto que parece que hubiese envejecido al menos un par de años, en un par de días. Nos hemos puesto aceite de aceite argán en el cuerpo, aquí lo venden por todas partes. Me gusta el dorado que le da a mi piel. De verdad se ve increíble. Esta noche dormiremos en el desierto, en unas haimas, a las que llegaremos en camello. Y mañana otra vez volveremos al Dar Tamo, en el corazón de la laberíntica Fez.
DIA 10 DE AGOSTO 10pm (Fez, otra vez) Uf, acabamos de llegar del desierto, apenas nos acabamos de sentar y Miguel ya quiere subir a la ciudad a por dos boletos de tren para ir mañana a El Jadida. ¡No puedo más! Mi idea era: descansar esta noche e ir mañana a la estación ya que nuestro tren tiene salidas a las 12:00 y a las 14:10. Al final me quedo yo, y él sale enfadado porque –según él- yo me quedo pendiente del wifi y no aprovecho el viaje. Puntos de vista distintos. Así que me pongo a hacer otras cosas como afeitarme, escribir en mi diario, observar la vista desde la terraza. A Miguel le cuesta estarse quieto, con lo tranquilo que es. Vive para la ruta y yo siempre estoy pendiente de encontrar el mejor sillón, la mejor vista, la mejor terraza, para sentarnos a ver pasar el mundo, conversar, reflexionar. Aun así, he de reconocer que me siento cómodo viajando con él. Dos fuerzas en oposición, él me empuja a conocer más. Y yo pues, le empujo a tomárselo con calma. Interiorizando las etapas. Tratando de que nuestras miradas vayan más allá, de la simple fotografía que hace un turista. Tratando de entender antes que acumular recuerdos. Pero impulsados por el ansia del descubrimiento. El calor que había en el desierto era apabullante. Aquí en la ciudad de Fez también pero al menos el Ryad en que estamos tiene aire acondicionado y uno se encuentra más cómodo. En el desierto había piscina y aunque tuviese arena y bacterias… el agua estaba muy fresca y sin aquello no creo que hubiera podido sobrevivir. Concluyendo: el viaje al Sahara, de ayer por la tarde, fue una aventura en sí misma. Nueve horas en taxi a máxima velocidad, atravesando el interior del país hasta Rissani. De ahí al desierto de Meerzouga en 4x4 y luego al día siguiente en camello a unas haimas en el corazón del desierto. Más de una hora viajando en dromedario por las impresionantes dunas del desierto. Casualidades de la vida, en nuestro mismo grupo, habían también viajando 2 holandeses, 2 árabes, y 7 españoles: 3 chicas de Barcelona y 4 chicos, que venían de la misma isla de la que nosotros habíamos partido dos semanas atrás: Palma de Mallorca. A la hora de comer todos juntos, Miguel y yo, llegamos los últimos y solo había dos asientos libres, una a cada extremo de la mesa. Miguel se sentó entre los árabes y los holandeses y no conversó casi nada con ellos. Yo me senté entre los mallorquines y las barcelonesas, que eran muy simpáticas y conversadoras. Había una, en especial, que estaba harta del curry y del desierto y nos reímos mucho de todo y nos burlábamos de nosotros mismos también. Los mallorquines intervenían poco en realidad, pero cada vez que lo hacían replicaban en catalán. Como si hicieran una suma: 7 catalanes y un hispanohablante =Hablemos catalán. Qué antipáticos la verdad, porque al igual que a Miguel cuando habla con su sobrina, nos les entiendo un pijo y eso no les corta un pelo.
DIA LUNES 11 ESTACION DE FEZ –CASA VOYAGEUR Esta vez no nos hemos arriesgado y hemos preferido viajar en primera clase, que es la única donde suele funcionar el aire acondicionado. Ahora estamos yendo a El –Jadida vía Casablanca. Ni idea de lo que nos espera ahí. Ojala y no sea tan claustrofóbica como Fez. Y pensándolo bien eso es imposible. Pues El Jadida es costa y tiene playa. Se me alegra el corazón sólo de pensar que volveremos a ver el mar. Yo nací muy cerquita del mar. Y me encantan las montañas, pero aquí en confianza, he de admitir que siempre me he considerado gente de puerto. Descendiente de pescadores, viajeros y piratas. De gente que no se quedaba quieta mucho tiempo, acostumbrada a la brisa marina, a los espacios abiertos y al pescado fresco.
DIA 12 AGOSTO Soy Un hombre ciego que va por las calles de una ciudad ayudado por un bastón y que busca reconocer una voz amable en la multitud, o acaso alguien que le ayude con algo de comer La niña que vende pequeños camellos de piel en medio del desierto de Meerzouga y que de vez en cuando mira a la roca y se pregunta si esa roca no habrá sido una niña como ella Soy El tullido que espera en la parada de taxis, que alguien sienta pena al verlo, tan joven y guapo, y que se lleve la mano al bolsillo para poder salvar el día. Soy lo que ves cuando miras a otro lado Soy cada uno de los pasos que das para alejarte de mí Soy la noche que tanto temes pero que sabes que un día llegara a ti Aunque tenga para ello que colarme por las rendijas de tus sueños, para que aspires el vapor que entra por las ventanas de tu adorado reposo, viento blando, te de menta, no Chevy, no Malibú… el encanto es lo que resplandece en las tardes húmedas. Sonido de cuerdas de guitarra, cantos gitanos de fe, cuentos de terror, un beso tuyo en la frente de la niña de los camellos, bastará para sanarme Y yo, te espero como un bereber al oasis en su camino. Te espero con el filo que espera un cuchillo muy antiguo en el Bazar del Barrio. Una cerveza, un whisky maroccain (te), yogurt… ¿palabra turca?
13 AOUT EL JADIDA Hoy estuvimos en la playa y el agua no es la más limpia que he visto. Pero desde luego que valió la pena. Alcohol, venden en bares. En el mercado de pescado había todo lo que te puedes imaginar y está permitido y prohibido en el resto del mundo: tiburón, delfín, besugo, tortugas, raya, ostras, sardinas, calamares, langostas, etc. Lo que quieras. Lo compras y a continuación te lo preparan en los pisos superiores. Por unos 200 Dírham, unos 20 Euros, acabamos zampándonos medio kilo de sardinas, medio kilo de un pez blanco parecido a la trucha. Y medio de gambas. Además de la ensalada y la bebida. Que experiencia más lugareña hemos tenido. IR al mercado a comprar pescado y comerlo ahí mismo. A la hora de ir el baño, me señalan un baño. En el baño del mercado hay una niña sentada en el trono. No lo sabía así que abrí la puerta y al verla, le cerré de nuevo pidiéndole disculpas. AL rato llega otro hombre, y luego otro y ambas veces pasa lo mismo. La niña sale. Perdón. Entro yo. Y en los altavoces… ¡suena jazz! El ambiente aquí es muy diferente al de Fez. Esta es una ciudad de vacaciones, copada de turistas nacionales. Pues aquí vienen los marroquíes, con su familia y amigos, a descansar. Los que pueden claro. Vienen a disfrutar de la playa. Y ojo, de día y de noche. Porque de noche la orilla se llena de sillas de plástico, que alquilan a 5 Dírham la media hora cada una. Y hay caballos de paseo y camellos. Y parques de juegos para niños. Y a la gente le encanta sentarse en las terrazas a tomar el té y ver el mar. Por eso prima un ambiente festivo y relajado. Nadie nos sigue. NI nos intentan vender nada. NI siquiera costo. Eso me preocupa por un lado, pero por otro constituye un gran relax, que planeamos aprovechar. Otra cosa es que aún no hemos podido confirmar la vuelta con Air Maroc. En parte porque todas las oficinas que vemos están abandonadas y los teléfonos que nos han dado parecen funcionar mal. Hoy Miguel le pidió a la recepción del hotel que llame a la aerolínea. Y también fue sin resultado. Y recuerdo que el guardia de Rabat nos dijo que nos contestarían en cualquier idioma. Espero que no haya problemas el día de la salida desde Casablanca, con los boletos de Senegal, digo. Ya que Miguel y yo hemos conversado la posibilidad de que no nos quieran valer los billetes si salimos desde Casablanca. En vez que desde Senegal. Esta ciudad es tan viva que anoche a la 1 am en el mercado seguía efervescente. Muchas luces fuertes y gente de todas las edades. Aunque conforme se hace tarde las mujeres no salen de casa, y menos solas. Durante el día se arremolinan alrededor de un vendedor de zapatos de bolsos y durante la noche se quedan en casa con sus maridos o sus hijos. Actualmente estamos en el hotel Bordeaux. La habitación tiene una cama de dos plazas, y una de una plaza. Supuestamente íbamos a turnarla, pero la verdad es que yo he dormido en la grande ya dos días seguidos. La ciudad está llena de cafés, pubs, bares, e incluso nos han contado que vienen camareros de otras partes a hacer la temporada. También se ve lo relajada de la ciudad en la ropa de las mujeres, ya que aquí no se tapan tanto, ni el pelo, ni los hombros, ni las rodillas, que son cosas hasta ofensivas para las mujeres musulmanas, dependiendo de dónde sobre todo… y algunas aquí hasta se atreven a ponerse maquillaje o pintarse el pelo. Soy duro a veces con Miguel, con su forma de viajar y su tendencia a complacer. Pero en realidad es un gran compañero de viaje. Sé que tengo mi temperamento y no siempre es fácil andar conmigo. El se adapta a mi, porque tiene un gran corazón, pero sin embargo he tratado de convencerlo de cosas sencillas como salir sin cámara, sin su guía de lonely planet, que levante un poco más la cabeza al andar y que no diga siempre “me da lo mismo”, sobre todo cuando no lo dice de corazón. Un poco de pelea es sana en toda relación. O en todo caso creo que es mejor que darle siempre la razón a uno, y dejar que se acumulen los entredichos en alguna cajita del corazón, porque un día van a salir disparados y van a matar lo primero que pille por delante. Yo sé, por ejemplo, que él ya está pensando en irnos a Essaouira, aunque apenas llevemos aquí exactamente dos días y apenas empezamos a conocer el lugar. Diría yo, que a veces parecemos fugitivos. Como si alguien nos viniera siguiendo y tuviésemos que huir. Pero la verdad, según él me cuenta todos sus viajes han sido así parecidos. Polonia entera en una semana. Suiza, Alemania e Italia en diez días. Medio China en 12 dias. ¿Qué se puede conocer así? Sin embargo, anoche oía mi música, la música triste, decadente y hedonista que tanto me gusta oír, y me trajo tantos recuerdos que me puse malo de verdad. Es que a veces las emociones se quieren sobreponer a la realidad. Pensaba en Palma de Mallorca, en que ni siquiera sabía si tendría casa cuando vuelva, o si aquella era mi casa o mi hogar… o era algo que yo me había inventado. Sentía que estaba a punto de derrumbarme. Ni si quiera podía levantarme de la cama. Sin decirme nada vino Miguel y me abrazó, me dijo que nadie me haría daño, que nada debía temer, y que él, como amigo, haría cualquier cosa por mí. Y yo empecé a comprender que ni yo era probablemente tan fuerte como creía. Ni él, lo débil que parecía. Me sentí como un niño abrazado por un padre. La vida es mala y maravillosa a la vez. Generalmente tú escoges lo que quieras que sea.
15 DE AGOSTO Ultimo día en El Jadida. Ayer nos cambiamos del hotel Bordeaux por el Nice, que está casi al lado. Aquí había wifi y ayer pude subir varias fotos, pero hoy ni una. Va como el culo de lento. Y no puedo subir ni una foto a internet. Además tengo que descargar toda mi música del Spotify porque de repente se ha borrado toda la que había bajado para el viaje. Bueno, el Nice es más cutre que el Bordeaux. No dan ni toallas, ni tiene esas cerámicas preciosas del Bordeaux. Pero sí que cuesta 50 Dírhams menos. Ayer caminamos por el espigón y salté de un pequeño faro al agua. No serian más de quince metros, pero nunca había saltado de tan alto. Fue estupendo. Aunque sólo lo hice una vez, fue intenso. No corrí mucho antes de saltar al agua, porque me dio miedo resbalarme. Más tarde fuimos a beber cerveza a un bar, y luego al mercado de pescados. Ya no había sardinas, pero comimos pescadillas y otro pescado blanco que hicieron a la plancha. Buenísimos. Para hoy ya tenemos los tickets de bus a Essaouira, a las 5 pm. Una movida rara para comprar. Primero no había tickets y luego había pero más caros y además ponía que partíamos de Casablanca (aunque estábamos en El Jadida). Hoy es viernes. Ojala podamos comer cous-cous. Los viernes es día de Cous-cous en todo Marruecos. EL altavoz de mi teléfono se ha jodido y se oye muy bajo. Extraño algo mis juguetes tecnológicos. Acá casi nadie tiene smartphones, ni bluetooths, y me da casi ternura verlos con sus telefonitos de botones por todas partes. Ayer por la noche caminamos por la parte de El Jadida que parece Ibiza por sus hoteles, discotecas y cantidad de luces azules que hay en la calle. Me gusta esta ciudad, y ya siento nostalgia de ella. Por la gente tan alegre, por la playa tan viva. Porque aunque no hubo nada de porros, hubo mucha cerveza. Ni una vez nos han seguido ni ofrecido hachís como en Fez. A ver cómo es Essaouira. Un amigo de España me ha dicho por Whatssap que es su ciudad favorita de todo el mundo. No creo que sea más divertida que esta. Ahora estamos esperando que dé el medio día porque dejaremos este hotel. Aún hay ropa secándose. Aparatos cargando y unas líneas por escribir hasta que nos vayamos. Aquí, en la tv sólo hay 3 canales, y ninguno en francés o inglés. Hemos visto algo de noticias y comentado lo demacrado que se le ve a Obama. Será porque todos quieren que él solucione lo de Rusia, lo de Palestina, lo de Ferguson. Épocas difíciles para el poder. Muy bonita artesanía en El Jadida también y muchos mendigos también. Es difícil sentarse a comer sin que te invada la pena, cada vez que alguna mujer con sus niños pasa pidiéndote algo de comer. Aquí al menos los gatos son gordos y no famélicos como en Fez. Y hay algunos perros pastor aleman y pitbull. Pocos en realidad y algunos son callejeros, y se mueren de hambre. Pero no hay perros agresivos. Yo creo que los matarían porque aquí realmente no hay una cultura de mascotas, ni de protección animal. Hoy me he vuelto a afeitar la cabeza pero no la barba. Talvez no me afeite hasta volver a Palma. En la playa hemos visto camellos y caballos de paseo, currando día y noche. Hay polis en caballo también. Y a propósito, la otra vez vimos cómo unos polis le metían una paliza a un par de chicos dentro de una camioneta. Ni puta idea de lo que habrían hecho. Pero lo cierto es que, en frente de todo el mundo los metieron en una furgoneta y todos escuchamos cómo les golpeaban y se quejaban. Y vimos también como la furgoneta se balanceaba de un lado a otro. Lo alucinante es que eran las 9 de la noche, y esto ocurría frente al paseo marítimo y habría unas 100 personas agolpadas alrededor y ninguna parecía sorprenderse por lo que ocurría. ¡Alguien que me lo explique por favor!
Lunes 18 agosto Autobús - Camino de Agadir Bueno, hemos estado tres días en Essaouira, y ahora vamos a Agadir. No escribí nada mientras estuvimos en Essaouira, así que trataré de resumir algo de esa ciudad a continuación. Estamos en una parada para comer e ir al baño. Este viaje duraría al menos 4 horas. Iremos una hora y media ya. Y luego de orinar rápidamente, he venido a sentarme al autobús por miedo a que nos quiten los asientos. Ya que en esta empresa no están numerados. Y a la hora de sentarnos hubo mucha gente discutiendo y peleando por sus asientos. Supongo que son cosas que nadie que venga de fuera puede entender. Y tal cual, hace un rato, se paró un chico a mi lado que quería que le de mi asiento. Felizmente, unas mujeres intervinieron en mi ayuda, porque él y yo no nos entendíamos. El hablaba en árabe. Y yo en lo que pudiera. -La hambra? -What? -No problem, la hambra – insistía señalándome el asiento donde yo estaba sentado. -Sorry, don’t understand. Je suis avec mon amie… Ahí fue cuando habló la mujer que estaba sentada delante de nosotros y se lo explicó. Él se había confundido y su asiento era más adelante. Felizmente. También hay unos bereberes viajando en el pasillo del autobús. Y dan calor. Sobre todo a Miguel, que es quien los tiene justo a su lado. Yo estoy sentado del lado de ventana y al menos entra algo de fresco. Increíble los bereberes, cómo llevan pantalón y camisa. Y encima la chilaba y gorra de lana. Y sin mencionar que estaremos al menos a 40 grados en el autobús. Y el aire acondicionado que no funciona desde luego. Son las pequeñas diferencias de comprar un pasaje solamente 10% más barato. Y no lo compramos por ahorrar. El verdadero problema es que CTM (la empresa de transporte que nos parece la mejor) sólo tenía pasajes para la tarde y Miguel quería viajar de día. Así que luego de desayunar en el Riad Ghita, de Essaouira, aquel que reservamos por internet desde Al Jadida y despedirnos de Fuet, el recepcionista, salimos a la estación de autobús por Baab Doukala, es decir la Puerta Doukala, que era la que nos quedaba más cerca de la estación. Otra cosa que me pone nervioso de viajar en un bus que no es CTM, es que aquí no han registrado nuestras maletas y cualquiera podría llevárselas en alguna parada sin que podamos exigir nada a nadie. Pero he de confesar que sinceramente no creo que haya ningún problema por ese lado. Sé que los árabes son muy pesados cuando te quieren vender algo. Pero no he visto ni oído nada sobre robos hasta ahora. Creo que es porque les cortan la mano, o les dan palizas en las furgonetas. O porque hemos tenido mucha suerte. De Essaouira me llevo: -Una amenaza de muerte de parte de un tipo que insistía en seguirnos cada vez que nos veía por las calles de la Medina… hasta que le pregunté simplemente “qué quería”. Y parece que se tomó a mal la pregunta porque me dijo que iba a matar. A lo que yo le contesté algo disgustado: -¡A ver, mátame pues! Se quedó mirándome y murmurando algo ininteligible, mientras yo seguía caminando lentamente, al ritmo de la multitud y sin quitarle la vista de encima. Me sentí invadido por el temor a lo desconocido, más que a lo visto. Y no le dije nada a Miguel para no preocuparlo, pero al día siguiente que nos vio pasar, sólo me dirigió una mirada desconcertada, mientras yo le miraba de arriba a abajo por si llevase un cuchillo o algo así, pero la verdad no se atrevió a hablarnos más. -El recuerdo del fantástico día de playa con las galletas de hachís que al final no nos hicieron ningún o casi ningún efecto. Pero estaban ricas. Me sorprendió que Miguel se comiera todas sus galletas de hachís, qué pena no llegamos a flipar. Habría sido divertido verlo así. El hombre que nos la vendió era muy hablador y nos ofrecía también costo y opio, y se pasó horas dando vueltas alrededor nuestro preguntando si ya nos habían hecho efecto las galletas, pero nada. Al final también nos vendió una bolita de costo, sumamente dura y oscura por 50 Dirham. Supongo que es diferente en cada ciudad a la que vamos. Este hombre tenía un hijo, quien también tenía un camaleón pequeño y me lo dio para jugar un rato. No le vi cambiar de color, era más bien como el color de la arena, como el color de mi piel. Pero era un camaleón, lo sé por esos ojos enormes que movía independientemente uno del otro. -La extrañeza por algo que Miguel me dijo y que me sorprendió: Que nunca había alquilado tumbonas en la playa. A mi aunque fuera una tontería, me parecía difícil de creer. ¿A sus cincuentayuno nunca?... ¿Viviendo en una isla llena de playas paradisiacas? Acá, por lo visto, está que se da lujos impensables en Mallorca. Acá no nos cortamos para nada. Venimos con una moneda más poderosa que la local. Porque con un par de euros, -lo que no alcanza ni para dos cafés en España- aquí puede ser suficiente para comer y cenar. Y quien sabe hasta más. Él incluso se ha comprado en el bazar una camisa y unos pantalones árabes, no le quedan tan mal, en realidad. Aunque se me haga un poco gracioso verle subirse el pantalón hasta más arriba del ombligo. -La imagen de los hermosos camellos de Essaouira y la comparación con los de Meerzouga. Estos camellos al menos no tenían garrapatas y su aspecto en general era más limpio y sano, que aquellas pobres bestias del desierto, sin las que -he comprobado personalmente- la vida en estos paramos sería imposible. -La amabilidad de Fuet. El encargado del Ryad. Ya que a pesar de que el hotel tenía muy poca presión de agua en los pisos superiores. No nos hizo ningún problema por bajar a bañarnos y cagar en los pisos de abajo. Además siempre nos recibió con una sonrisa. Fuet nos contó que era de Fez y que desde hace un par de años iba a Essaouira en temporada alta para trabajar por el verano. Ah, y eso que en los tres días que estuvimos nunca limpió la habitación. Con eso de que sólo se limpiaba cada dos días. -La decepción y soledad de comparar los paseos marítimos de El Jadida con Essaouira. El primero repleto de árabes simpáticos vacacionando en familia y grupos de amigotes. Y la segunda medio vacía, más bien ocupada por algunos franceses o ingleses dados a los deportes acuáticos y a los pubs de lujo. Pero sería una tontería proponer que una ciudad sea mejor o peor que la otra. Son simplemente diferentes. -El increíble sabor de los pasteles artesanos que le compraba a Mubarak todas las tardes. Naturales, recién horneados, repletos de manzana y nueces. He de haber aumentado un par de kilos por su culpa. Y se lo dije. -Sobre todo la experiencia inolvidable de pasear por el puerto antiguo, de día y de noche. Y sentir que al atravesar el enorme portón de la entrada, entraba uno como a una película. Luego averiguamos que al menos había una película de Orson Welles que efectivamente comenzaba así. NO me sorprendió tanto saber esto, pues hay una plaza con el nombre del cineasta, ahí a pocos metros del puerto. -Otro de los personajes muy recordados en Essaouira es Jimmi Hendrix, que vivió ahí también algún tiempo. -El Recuerdo de una ciudad con mendigos y niños pidiendo comida y monedas por todas partes. Hay que reconocer que, de vez en cuando, le cuesta a uno disfrutar sin compartir. Lo poco o mucho que tenga. -Dos piedrecitas de ámbar en esencia, que compramos a 20 dh cada una. -Gingseng en raíz. Bueno para todo. Compramos 15 g. para beberlo con el té. El precio era de a 1 dh el gramo. -El cous-cous en la terraza de un restaurante con vistas a los techos de la ciudad -El recuerdo de una tv con 600 canales árabes y sólo dos en inglés. -La fantástica sensación de no perdernos en esta Medina tanto como en otras. Solo para llegar fue muy rápido. El taxista no dijo que el hotel era fácil de encontrar y que nos dejaría en la puerta. Pero la verdad es que si no hubiera sido por el GPS de mi teléfono, no sé cuánto habríamos tardado en realidad. Porque como sabíamos que llegaríamos alrededor de la media noche. Viajamos más tranquilos en el autobús sabiendo que habíamos reservado un hotel por internet desde El Jadida. Contrariamente, esta vez, vamos sin hotel ni reserva a Agadir. Pensamos que hay que variar las formas de viaje para no caer en la monotonía. Es decir, vamos a la aventura total. Pero al menos con la experiencia que nos ha dado conocer ya en este tiempo de viaje ciudades como Casablanca, Marrakech, Rabat, Fez, El Yadida y Essaouira. Que no son muchas, pero tampoco pocas. Al menos por donde va el autobús esta vez parece ser una buena carretera y la ventana esa del techo nos da un frescor agradable. Para aguantar el viaje. Además al menos vamos sentados y yo voy oyendo música con los bluetooth, que he usado muy poco hasta ahora. Principalmente porque esas cosas aquí casi no se conocen, y me siento muy raro yendo con eso por la calle. Igual, en el viaje me he dado cuenta que entre otros músicos aquí son populares algunos que yo ya conocía y que me he vuelto a descargar por Spotify en el wifi de Fez. Me refiero a Cheb Khaled, Ismael Loo, Tinariwen (que puso justamente el conductor de la 4x4 en el desierto), y el también político senegalés Youssou ‘n Dour.
DÍA 19 AGADIR (antes de dormir) Esta noche ha sido muy especial porque hemos estado en el paseo marítimo y hemos estado en varios conciertos de playa, descalzos sobre la arena, bailando, con la gente del lugar. Además, esta noche, descubrimos que en el paseo marítimo alquilaban bicicletas y no pudimos resistirnos a montarnos en unas. Solo costaron 15 Dírham la media hora. Lo más increíble es que ni siquiera tuvimos que identificarnos. La confianza es tanta que pagas, te dan un recibo, y ya está. Luego puedes escoger entre varios modelos y tamaño de bicicletas. Eso no se daría nunca en el primer mundo. Para alquilar bicicletas en España, normalmente tendrías que estar empadronado en la ciudad. Requerir algún carnet, alguna contraseña, pagar con tarjeta de crédito y terminar pillando alguna bicicleta horrible de alguna estación electrónica especialmente habilitada para eso. Aquí en cinco segundos hemos cogido unas Ticcino montañeras y nos recorrimos todo el paseo marítimo conduciendo entre la gente, y los puestos de comida que están por todos lados. Fue muy divertido y muy arriesgado porque no hay ciclo vías, y a la hora de terminar el paseo no encontrábamos a los chicos y tuvimos que dar varias vueltas hasta que aparecieron para devolverles las bicis.
MIERCOLES 20 AGOSTO HOTEL BAHIA AGADIR 11:00 AM Tendría que contar primeramente que anoche salí a caminar a eso de la 1 am yo solo. El plan era andar escuchando música y luego volver a dormir. Pero me perdí, di varias vueltas por el mismo lugar, hasta que un loco por la calle, me tiró del brazo y me quería meter a su casa. Ahí fue que me comí mi orgullo y paré un taxi (10 Dírham) para que me lleve al hotel. A pesar de que estaba prácticamente a la vuelta de la calle. No sé si en este punto alguien se habrá dado cuenta que la orientación espacial no es necesariamente mi fuerte. Ahora mismo Miguel trata de arreglar el lio de los pasajes. Al parecer, no regresar desde Senegal sí es un problema, pues pueden anular nuestra salida desde Casablanca. He estado pensando que lo que nos vendió aquel viejo en la playa de Essaouira, no era costo normal. En realidad se veía oscuro, duro…. Y por lo que he estado averiguando podría ser que tenga opio. Después de todo aquel anciano nos lo ofreció también. Y he estado pensando esto porque la reacción ha sido completamente diferente. El costo te vuelve sensual y altera tu percepción de la realidad, pero no te duerme. En cambio esto que he fumado anoche me ha provocado mayormente somnolencia. Y he estado soñando fuertemente desde entonces. Pero principalmente con antiguos amigos con los que ya ni siquiera hablo, pero que puedo haber admirado en mi infancia. Soñé con Oscar, un ex compañero de la escuela, y con Marcos, de la calle Mollendo, que era un poco mayor que yo, y solíamos jugar al futbol juntos. El sueño fue muy extraño y me llevó a observarlos otra vez y luego observarme a mí y ver las cosas que había aprendido o copiado de ellos en mi personalidad. Cosas de las que ya no me acordaba. Simplemente porque el tiempo se había encargado de enterrar bajo una tonelada de nuevos recuerdos e impresiones. Concluí que ahora, 30 años después me había vuelto tan déspota como el uno e introvertido como el otro. De otro lado soñé que le preguntaba a Robin Williams, el actor, por qué se había suicidado. Había visto esta noticia el día anterior por la tv. Y al parecer mi alma no había acabado de comprender, cómo una persona que había transmitido tanto cariño a la gente durante tantos años había decidido irse, antes de tiempo. En mi sueño literalmente mi alma salía de mi cuerpo y cogía a su alma de las solapas y le preguntaba “¿Por qué? ¿Por qué?” Pero mis sueños no acabaron ahí. Soñé también con dos de mis queridas tías, que viven también en Europa, soñé que me trataban con una frialdad imposible en la vida real. Ellas viven en Alemania. Creo que en mi sueño reveló mi temor de que se volvieran demasiado alemanas después de vivir tanto tiempo fuera de Perú. Además, esto que he fumado, me ha dejado con ojeras, atontado, y me ha hecho sentir como si estuviera flotando durante todo el día. De ahí mis dudas, de si eso era hachís o no. Y realmente creo que no. Joder, acaba de llegar Miguel de la recepción y me ha comentado que las cosas con el pasaje no pintan bien. No hay ninguna seguridad de que podamos usar nuestros billetes originales desde Casablanca. Ahora luego de desayunar en el hotel, iremos, a la oficina de Air Maroc, que ayer estaba cerrada. Parece que –tal como temíamos- habrá que comprar billetes nuevos después de todo. 19:00 horas ¡Tickets nuevos comprados! Salimos el 26 a Casablanca en autobús y el 28 en avión a Palma vía Málaga (los billetes originales se pierden).
DÍA 22 AGADIR – Hoy hemos estado en la fabulosa Kasbah de Agadir, ubicada en lo más alto de la ciudad. Para defenderla de la llegada de los piratas. Una fortaleza de más de mil años de antigüedad. Completamente en ruinas y donde siempre hay vendedores de artesanía y camellos para pasear, ya que es un punto muy turístico. Más o menos media hora de subida en taxi. A pie es imposible pues la calzada es muy estrecha y no hay ninguna seguridad de llegar sin ser atropellado. El mismo conductor que nos llevó, nos esperó también media hora mientras paseábamos y luego nos volvió a dejar en el centro de la ciudad. Y nos cobró 120 Dírham al final. Ahí arriba nos hicimos muchísimas fotos con la vistas de la ciudad de fondo. La playa, la ciudad, el puerto, los coches, todo se ve pequeñísimo desde tan alto. Después de estar ahi, el conductor nos dejó en el famoso Parque de los Pajaros de Agadir, y desde ahí, hemos ido andando hasta el jardín de D’Olhao, un parque dedicado a la memoria del terremoto que en los años 70 mató a más de la mitad de la población, destruyendo casi toda la ciudad. Con los años, al ser reconstruida, Agadir se planteó como una ciudad de vacaciones, con los hoteles, clubes, y centros comerciales más lujosos del país. Hablando de lujos, este hotel es casi todo un lujo para nosotros, comparado con todo lo anterior. Aquí hay agua caliente (toda la que quieras), toallas, cortinas de baño, tv, aire acondicionado, armarios de madera, mesa, espejos, ducha, lavabo, wifi.
DÍA 23 AGADIR En este país hay mucho pescado. Por donde vayamos lo encontramos fresco y barato. Hoy, por tercer día consecutivo hemos comido pescado frito, friture de peche, y además en el mismo sitio. Que nos encanta. Un restaurant con terraza, en pleno centro urbano, y enfrente a una de las mezquitas más importantes de por aquí. Son muy limpios y se nota que cambian el aceite a diario. Cada plato cuesta 45 Dírham. Aunque el calamar frito no me sabe tan bien como el de Madrid y las salsas sean malas y basadas en mayonesa y kétchup. Igual vale la pena porque no suele estar lleno y nos atienden bien. Agadir es una ciudad donde hay mucho dinero por zonas y muy poco por otras. La zona de los hoteles a pie de mar es lo más moderno y lo más occidental que hemos visto hasta ahora. Tampoco faltan los típicos Mc Donald y Domino Pizza que hay en todos lados. Aunque nuestro propósito era no ir a ninguno de estos lados, terminamos probando el famoso Mc Arabia, cuya gigantografia veíamos por todas partes, y que supongo se llama así solo porque lleva algo de curry. A decir verdad, siempre tratamos de comer comida local, pero también hemos visto que aquí hay mucha comida internacional. Japonesa, italiana, hindú, lo que hace que aquí haya para todos los gustos. Hoy es el día Nacional de Marruecos y celebran su independencia de la France. Lo sabemos porque casi todo está cerrado y sobre todo, porque está el monarca dando un discurso por la tv.
DÍA 24 - SIDI IFNI 10:00AM HOTEL BELLVUE (y la tiene…) Por la recomendación que nos hizo un chico en Agadir, dentro de una tetería, hemos venido a este pequeño pueblo costero llamado SIdi Ifni, un pueblo con apenas 4 gatos (20,000 habitantes). En donde hay mucho surf, pero tiene como maldición un gran número de rocas, en la orilla que te pueden golpear en la cabeza. Razón por la cual los salvavidas no te permiten bañarte fuera de su área de seguridad que más o menos sería de unos 20 metros de ancho y donde congregan a todos los bañistas, y esto en una playa que tiene kilómetros. Y si intentas bañarte en otro lado, como nos pasó ahora, viene corriendo el salvavidas a decirte amablemente que está prohibido nadar fuera del agua de seguridad. Buscando alguna zona alejada de la playa, nos fuimos andando por la orilla y descubrimos zonas casi vírgenes, salpicadas por completo de rocas que caen permanentemente de los tajos, que tienen más de 100,000 años de antigüedad. Vamos, que la montaña se caía a pedazos, de lo vieja que estaba. La habitación en este hotel es muy cómoda y económica. Y además es céntrica pues estamos al lado del ayuntamiento, en la plaza principal de la ciudad. A sólo 200 Dírham la noche. Cuento nuestros “lujos”: agua (siempre), toallas, papel higiénico, recepción con recepcionista, terraza con mesa y sillas, restaurante, televisión satelital y wifi. Y hablando de recepción, le pregunté al chico, si por casualidad podía conseguirnos algo para fumar, ya se imaginan qué, y luego de darle mil vueltas al asunto. Que si hoy, o mañana, o un amigo, o el bar, que si la mejor calidad, o la peor, que si tenía mucho trabajo, que si la policía secreta… nos terminó pidiendo que le dejara 100 Dh, que al final nos tuvo devolver pues no consiguió nada.
Día 25 –SIDI IFINI Hoy, como casi todos los días aquí en Marruecos, hemos comido muy bien. Por no decir que nos hemos dado un verdadero banquete. Empezando por el desayuno del hotel, que no es tan bueno en realidad, comparándolo por ejemplo, con el que nos daba la francesa en Fez. Pero aquí al menos te ponen todo el pan, mantequilla, mermelada y Amlou que quisieras. El Amlou es como la Nutella de los marroquíes, pero mucho mejor. Lo hacen a mano, machacando las avellanas y las almendras y luego mezclándolo con miel de abejas y aceite de argán. Luego al medio día hemos comido una pizza frutti di mare frente al hotel en el que nos alojamos. Servido por este hombre a quien sus amigos llamaban “viejo lobo”. Y que pertenece a la generación que estudió castellano en la escuela cuando Sidi Ifni era un protectorado español, hace algunas décadas. Incluso hay un ministerio de asuntos españoles, ubicado justamente entre nuestro hotel y el ayuntamiento. Hoy por hoy esta especie de ex consulado está abandonado y las cigüeñas anidan en los techos y las ventanas del edificio que se cae a pedazos. Finalmente hemos ido a comer sardinas al mercado central. Serían las 9 de la noche y el lugar estaba repleto. Prácticamente tuvimos que esperar para sentarnos y nos atendió un chico que no tendría más de 13 años, quien para variar, no sabía francés. Probablemente porque no iba a la escuela. El pescado estaba muy fresco, y hecho al grill, preparado ahí mismo enfrente tuyo. Te lo llevan a la terraza y lo comes con la mano. Al lado, bajo un árbol, te dejan un cubo con agua, para que te laves las manos después de comer. Quería hablar de cómo llegamos aquí: Estando en Agadir, primero fuimos en petit taxi a la estación de grand taxi. Y ahí tomamos uno de estos hasta la estación de Tiznit. Bastante apretados eso si, ya que los conductores meten a cuatro personas atrás y tres adelante. Y estamos hablando de turismos. Es por eso que en Tiznit, Miguel decidió comprar todos los asientos hasta Sidi Ifini. Y así tener el coche entero para nosotros. Qué comodidad la verdad. Y no dejé de agradecérselo, ya que él sabe que a mi no me gusta mucho pegarme a otras personas que no conozco y mucho menos si están todas sudadas. El momento más patético, a propósito, lo viví probablemente en El Jadida cuando él tuvo prácticamente que subirme a la fuerza a un autobús para ir a la playa de Sidi Boussi, que dicho sea de paso es una de las más hermosas que hemos visto. Con aguas muy limpias, y mucho ambiente. Y no me hubiera perdonado a mí mismo, el no haberla conocido. Acerca de nuestro hospedaje en Sidi Ifni, él mismo había contactado antes con el hotel Bellvue por teléfono, (yo le había dicho que si quería que nos fuésemos de Agadir se encargara él de los detalles, porque yo estaba muy cómodo ahí). Así que finalmente no tuvimos más que llegar en el taxi y entrar. Nunca nos había sido tan fácil. Pero tampoco creo que haya más de cuatro hoteles en todo Sidi Ifni. Este hotel está en lo más alto de la ciudad y ve se claramente desde la playa. Está claro que es uno de los edificios más representativos de la ciudad. Por lo demás, Sidi Ifni tiene un ambiente familiar, provinciano y religioso. Por ejemplo, los adolescentes en manada se reúnen para pasear por el paseo marítimo, van de arriba a abajo una y otra vez. Y es que este no medirá más de 200 metros de largo. Tampoco hay mujeres maquilladas, ni trajes de baño. Aquí casi todas van con esos hermosos saris de colores. Y por ratos la calle parece una especie de muestrario de telas cuando las ves paradas en grupo, conversando y riéndose. Esto no es El Jadida, eso está claro. Lo que se da bien aquí, es el surf. He visto incluso algunas tiendas de O’Neill y Rip Curl. Y hay varios locales que ofrecen clases de surfing y kitesurf. Una pena que no nos dediquemos a nada de eso. No hay mucho más que hacer aquí. Excepto, meditar y ver el mar. Sin embargo, si la playa fuera buena y hubiera buena hierba, creo que no me iría nunca. Aunque suene mal, he de decir que me gustaría ver drogado alguna vez a Miguel. Mejor dicho, me gustaría que se anime a fumar marihuana alguna vez y que me diga si eso no es mejor que tomarse varias pastillas diarias. Mañana, tarde y noche. Para el dolor de espalda, para dormir, para el estómago y para el asma. Talvez yo tenga una adicción y esté acostumbrado a sobreestimarla, pero también es verdad que cada vez más médicos en el mundo reconocen su poder curativo único. Sin embargo, respeto mucho su opción y admito que admiro a la gente que es sobria y que sabe divertirse también. Y claro, hemos empezado a hablar ya del fin del viaje, de nosotros, y cómo nos sentimos luego de tanto ir y venir. Es como si por ratos nos invadiera una especie de oleadas de nostalgia anticipada. Porque sabemos que el viaje va llegando a su fin. Y no hay forma de evitarlo. No sé qué encontraré en Palma al llegar. O si extrañaré esto cuando esté ahí. O si llegaré a una casa vacía. O si encontraré comida pudriéndose en la nevera otra vez, o telarañas. O monstruos debajo de la cama. A veces fantaseamos con quedarnos a vivir aquí para siempre. Dedicarnos a la pesca artesanal y pasar el día en el puerto, viendo a los chicos hacer clavados desde el puente. Comiendo sardinas de día y cous-cous los viernes. Oyendo a Jimmy Hendrix y Tinariwen, mientras vemos películas de Orson Wells.
DÍA 26 SIDI IFNI 09:50 Aquí en Sidi Ifni, hay unos parques muy bonitos, muy coloridos y la mayoría de casas están pintadas de blanco y azul. Se puede comer muy buena comida marroquí y hasta batidos de frutas para desayunar. Sin embargo es muy difícil, por no decir casi imposible, comerse un buen omelette. Me explico. Ayer, lo intentamos en un pequeño restaurante a unas calles del Bellevue. Pero fue imposible. Primero nos pusieron un pan con tres gambas frescas y algo de huevo, así que me puse de pie y me quejé que eso no era un omelette, que nos habían traído un sándwich. Entonces el que parecía el dueño del establecimiento me dijo que no me preocupara. Pero a los cinco minutos nos trajeron el mismo sándwich, esta vez con el añadido de un huevo frito dentro del pan. En ese punto saqué mi teléfono móvil, busque en Google “omelette” y le enseñé las fotos al dueño del restaurante. Según él, nos había dado lo mismo. Y por problemas idiomáticos no pude preguntarle si acaso estaba ciego o si simplemente era tonto. La verdad no entiendo cómo se puede tener la cara de tener un negocio de comida y tomarse a las personas tan poco en serio. Como nunca nos detenemos, hoy por la tarde volveremos a Agadir, ya que mañana salimos de ahí a media noche en un autobús de lujo a Casablanca, aunque me hubiera conformado con cualquier autobús de asientos numerados. Y al día siguiente de llegar a Casablanca, volveremos a Mallorca, vía Málaga. Así que además conoceré una ciudad de España que aún no conozco. Anoche disfrutamos de la preciosa terraza del hotel, con vistas a la playa, bajo un hermoso cielo estrellado. Y nos bebimos media docena de Stork, mientras conversábamos. La Stork, es la cerveza más típica de Marruecos, que al fin y al cabo, concluyo, no es un país tan abstemio como yo pensaba. Aunque no tan buena como la Casablanca Especial, que cuesta casi el doble. Tengo hambre, y aunque me veo gordo con todo lo que he comido aquí, la verdad es que no me importa. No me he cortado nada con la comida durante este tiempo, y eso es lo contrario de lo que hecho el último año, yendo todos los días tres horas al gimnasio y olvidándome de los postres… ¡Pero ahora… hay que ir desayunar!
3 DE SETIEMBRE DE 2014 -PALMA DE MALLORCA
Que vago he sido. Llevo tres días en Palma y ni siquiera terminé de hacer el diario antes de venir.
La odisea de salir de Marruecos es algo digno de mencionar y que pondría nervioso a cualquier persona del mundo, no familiarizada con idiosincrasia del país.
Llegamos el día 28 a Casablanca, luego de viajar desde Agadir en un autobús con asientos grandes y wifi. Buscamos un hotel no muy lejos del centro, ni del anterior hotel, donde ya habíamos estado dos veces antes.
Al día siguiente nos levantamos a las 6 am, tomamos el metro para ir a la estación de Casa Voyageur y ahí cuando intentamos comprar el boleto de tren, nos dimos con que las ventanillas estaban desbordadas de gente así que la opción lógica parecía ser comprar el boleto en una máquina. Pero de las cuatro máquinas que había, solo funcionaba una. Y mal.
Nuestro tren salía a las 7:10 a.m. y aunque recuerdo perfectamente que estábamos ya a las 6:45 a.m. en la cola de la máquina. No pudimos alcanzar al tren que queríamos porque había demasiada gente esperando y la máquina expendedora iba fatal. Y hubo que comprar el de las 8:10. Con lo que llegamos 8:45 al aeropuerto y si la salida del avión era a las 10:15 am nunca imaginé lo que ocurriría a continuación, pues en cualquier parte del mundo con un mínimo desarrollo era una buena hora para el embarque. Pero estábamos en el país de las maravillas y sólo en la cola se nos fue media hora hasta que finalmente llegamos al mostrador para el checkin, que, claro no se podía hacer por internet tampoco.
Una vez ahí, la chica, una morena guapísima la verdad, mira nuestros documentos y se va a preguntar algo, sin decirnos nada. Luego regresa se sienta, sonríe, sigue siendo guapísima y nos pregunta tranquilísimamente si tenemos equipaje de mano. Luego vuelve a mirar nuestros boletos y se levanta por segunda vez sin decirnos nada. Y al volver, esta vez, nos dice que el vuelo está cerrado (sin dejar de sonreír ni de ser guapa, claro), que vayamos a la agencia para arreglar. Me quedo helado. Insisto y vuelvo a preguntar si está segura de lo que ha dicho. Pero Miguel me pone la mano en el hombro y me pide que corra, que confíe en él. Y me dejo llevar, pensando que él, a lo mejor sabe algo que yo no sé. Sea lo que sea, salimos disparados a la agencia, subiendo las escaleras, siguiendo las señalizaciones. Y entonces veo a Miguel entrar a toda prisa a la oficina de Air Maroc.
Donde le dan un numerito para que se ponga a la cola.
Y luego de mucho hablar y hablar y tomar datos, terminan diciéndole que lo mejor que podemos hacer es comprar nuevos pasajes. Así que, ala…
A la mañana siguiente, con los pasajes nuevos en mano. No quisimos arriesgarnos a que haya mucha gente para viajar en tren otra vez. Así que contratamos un taxi, la noche anterior. Para que nos busque en nuestro nuevo hotel a las 6 am en punto. Con lo que esta vez llegamos al aeropuerto a las 6:40. Pero no sería tan fácil irse esta vez tampoco.
Primero fuimos a hacer el checkin, que tardó -increíblemente- una hora más o menos, pero había tiempo. Era memorable ver el desorden, el caos, las peleas, en el mostrador, y todo lo que veíamos sin acabar de entender ni creer. Por ejemplo un poco más adelante de nosotros en la misma fila hubo una familia que se sentó –entera- en la cinta de equipaje para protestar porque no les dejaban viajar. Es decir habían comprado un pasaje pero no estaban en la lista de pasajeros. Menudo lío.
Luego del complicado check-in fuimos a la T1 para embarcar, ya que lo ponía en las pizarras, pero luego de hacer la cola nos dice el encargado que es en la T2. Y en la T2, luego de hacer otra cola nos dice otro policía que es en la T1. Y entonces le pedimos que lo verifique bien, por favor. Así que se va a preguntar. Y vuelve. Al rato. Y sonriendo nos confirma que sí, que sí era ahí en la T2. Ji,ji, ji.
Pero eso no era nada, con la sensación de total abandono que empezaba a invadirme. Ahora me reiré de aquello, pero en algún momento casi ves perdidas las esperanzas de regresar, piensas que lo más fácil es quedarte ahí y empezar una nueva vida. ¿Por qué, no?
Me considero una persona bastante tranquila y no suelo perder la compostura fácilmente, pero muy dentro, aunque tuviera que callármelo para no hacer las cosas más estresantes, me estaba poniendo muy nervioso. Por una razón o por otra habíamos perdido ya dos vuelos para regresar a casa y este otro seguía pintando mal.
¿Acaso no queríamos volver?
Y en la sala de embarque C-18, como ponía la pizarra que era de donde partiríamos, no había nadie.
Pero no podíamos hacer nada más, salvo sentarnos y tratar de relajarnos. Así que nos pedimos unos cafés y unas tartas de chocolate. Las que disfrutamos viendo a los aviones despegar, pensando que de un momento a otro nos llamarían amablemente, en varios idiomas, mientras veíamos a otros beber cafés y relajarse.
Sin embargo, caímos en la cuenta que ya faltaba sólo 15 minutos para que salga el avión. Y no había nadie en nuestra puerta de embarque.
Así que escucho, casi de casualidad una locución más que recuerda el embarque a Málaga por la puerta C-18. Que seguía vacía.
Pero veo la C-16, que ponía “Ámsterdam” y pregunto al encargado por si acaso no era ahí también a Málaga. Y me dice tan tranquilamente que sí. Que ponía Ámsterdam, pero ese había sido el vuelo anterior y que simplemente no habían cambiado el cartel. Y llamo a Miguel, casi con lágrimas en los ojos, de los nervios. Y subimos al avión, yo temblando, pensando que cinco minutos más y nos quedábamos otra vez. Y que en realidad no te has ido de Marruecos hasta que Marruecos te permite que te vayas. Y aun estando ya en España, la primera noche soñé que estaba aún en el aeropuerto y que no podía salir de ahí.
La parada en Málaga fue muy simpática. Tuvimos tiempo de ir al centro de la ciudad y comimos ahí y bebimos cerveza y comimos fritura de pescado, con la especial atención de compararla con la de Marruecos. Y aun comparando estaba muy buena, y fresca, aunque no era tan abundante.
Y en Málaga percibí orden, estética y elegancia. Y los gitanos que vendían loterías en el centro de la ciudad me hicieron recordar a los marroquíes siempre tratando de venderte algo.
Y fuimos a ver el mercado central de Málaga, y se me hizo un poco raro -otra vez- ver un mercado tan limpio y sin gatos. Y la fruta, tan perfecta para fotografiarla, pero casi insípida comparada con la fruta de África.




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