En el 2010 si no me equivoco paseé unos meses en Alemania, en la pequeña Marl, para ser más exactos, una comunidad pequeña dentro de otra más pequeña aun, al lado de Essen, en NRW, originalmente serían solo un par de semanas, esta es una carta que le escribí a quien entonces era mi esposa para ponerla al día de las noticias y sobre todo contarle mis emociones respecto al fallecimiento de un tio....
(…)y es cierto que no estoy siempre tratando de comunicarme contigo pero ayer por ejemplo lo intente otra vez, pero es un poco pesado para empezar porque hay que marcar muchos números y luego porque quería hablar también con mi madre y además no podía usar mucho el teléfono porque esperaba una llamada.
Resulta que ayer falleció mi tío, ¿sabes?, me hubiera gustado mucho estar ahí cuando murió, sobre todo porque nunca he visto morir a nadie. Lo curioso es que lo presentíamos, Gaby yo, quiero decir, el tío se había pasado los dos últimos días durmiendo y ya no comía casi nada. Ayer se suponía que debía llevarlo al mercado, digo llevarlo porque el ya estaba en silla de ruedas. Y con la excusa de ir a comprar los quesos, el pan y las salchichas que a él le gustan, pues se le sacaba a tomar algo de aire fresco y a que se relacione un poco con los vendedores del mercado, porque muchos de ellos le conocen desde hace muchísimos años. Tantos como ha vivido él en esta ciudad, si nos pusiéramos a contar, unos 60 más o menos.
Sin embargo el día comenzó mal, yo había llegado tarde la noche anterior, había estado en Dusseldorf, digamos un poquito de bares (pero no te pongas celosa porque no me enamoré de nadie), y para colmo a la hora de regresar me quedé dormido y me desperté recién en la ultima estación, serian las once de la noche, y era el ultimo tren, así que tuve que tomar un taxi que me costó un ojo de la cara. La cosa es que al otro día la tía me vino a despertar y me dijo algo así como "¿no le habías prometido a tu tío que lo ibas a llevar al mercado?", sólo que con menos amabilidad porque ya eran casi las doce del día y claro ya no lo íbamos a encontrar abierto, "de todos modos no te preocupes porque el tío esta muy enfermo", dijo mientras se iba sin decirme nada más.
¿Muy enfermo?, me pregunté yo, ¿pero qué mas enfermo puede estar alguien que se pasa una semana al mes en el hospital, respira oxigeno de una maquina y no puede ni ir al baño solo?
Luego de bañarme y vestirme, me subí a la bicicleta, que tu sabes es lo más usado por aquí, y pedalée a toda velocidad hasta el asilo. Ahí estaba el tío durmiendo como un angelito, mi tía lo observaba en silencio y luego de besarla le pregunté.
-¿Qué tiene?, dije
-Ayer no ha querido comer nada
-¿Lo has despertado?
-No, me da pena, parece cansado
-¿Cansado de qué?, le dije, despiértalo y pregúntale como se siente
Así que al cabo de un momento ella se acerco y lo despertó acariciándole la cabeza. YO había visto como movía los ojos mientras dormía y como incluso parecía querer hablar o susurrar algo, así que le pregunté si había soñado algo.
Claro que sí, dijo. He soñado mucho.
¿Y qué has soñado?
Ya no me acuerdo, me contestó
Al rato mi tía y yo fuimos a un restaurante a almorzar, ahí ella me contaría que una vez el tío le había dicho que se había visto a si mismo en sueños, sentado en su sillón frente a la TV, pero sin respiración ni nada, es decir cadáver. También me dijo que él no le tenía miedo a la muerte, que hacia tiempo el mismo había arreglado los detalles de su entierro. Incluyendo la decisión de la incineración, contrato de la tumba y contrato de la recepción y del menú durante la ceremonia. que se había despedido incluso de su casa y que aceptó sin chistar que lo metieran al asilo. Incluso que se alegraba de que su esposa 20 años menor que él, pudiera al fin conocer "a alguien de su edad" y "no tener que estar cambiándole los pañales a un viejo inútil como él".
Sin embargo él nunca fue un inútil. Incluso estando en el asilo había pedido que le llevaran algunas herramientas como martillo, taladro, y juegos de llaves, para arreglar unos muebles que estaban algo desnivelados según él.
Luego del almuerzo, donde se me ocurrió brindar "por las buenas despedidas".
¿Por qué "por las buenas despedidas"?, me preguntó ella
Porque no todo el mundo tiene el privilegio de irse en paz, le dije.
Regresamos a su habitación y ahí me despedí porque tenía que tomar un tren a otra ciudad. Me acerqué al tío, lo besé en la frente y le dije que de todos modos el viernes siguiente iríamos al Frisch Market, él asintió y me guiñó un ojo. Te juro que de algún modo sabia que eso no iba a pasar y me fui de ahí con el corazón en la mano, y -al igual que cada vez que me iba del asilo durante estas dos ultimas semanas- como sintiendo que me dejaba algo ahí, no sabía qué, revisaba en mis bolsillos, mi chaqueta, hacia un inventario mental, pero no me faltaba nada, o al menos eso parecía.
Dejé a la tía sola mirando al tío dormir, le dije que me llamara en cualquier momento si pasaba algo, le pregunté otra vez, si no quería que me quede, que si prefería...
No, no vete nomás, nos vemos mañana -me insistió
Vale, le dije. Y me fui.
Estación de Kefeld, unas horas después
Regresé a casa, me cambié de ropa, hice mi maleta y me fui a la estación, faltaba más de 40 minutos para tomar mi tren, me fui a pasear por ahí. NO hacía un lindo día pero al menos no llovía, así que me entretuve viendo las tiendas, paseando por las calles y me distraje tanto que cuando por fin regresé a la estación mi tren justamente partía. La verdad no siempre pasa, pero te digo que a veces la puntualidad alemana puede ser desesperante. Finalmente dejé esa estación pasadas las siete de la noche.
En el camino había telefoneado a mi primo de 20 años para preguntarle si podía pasar a recogerme a las 8. A las 8 y 10 estaba a punto de tomar otro taxi cuando se aparecieron él y mi prima en el auto. Lo primero que pensé fue, bueno han venido los dos a recibirme, qué alegría, pero luego me di cuenta que ella traía maletas también.
-¿Cómo yo llego y tú te vas? -le pregunté
-Arturo, se ha muerto el tío - me dijo
El tío había fallecido en su habitación -sólo- a eso de las 5 y media de la tarde mientras dormía.
Mi tía me contó luego que -al rato que yo me fui- le había dicho que lo iba a dejar sólo para que descanse, ya que él se resistía a volverse a dormir delante de ella, cual anfitrión con sentimiento de culpa por no poder entretener a sus visitas.
Y te decía que me hubiera gustado estar ahí, no sólo por acompañarlo, sino también para ver si veía algo, una luz, un humito, un viento, cualquier cosa, no sé...
Mi madre siempre me cuenta historias en las que presiente la muerte de alguien, que si de pronto huele a flores, que si siente la cola de un gato en la pierna, que si le duele la cabeza, pero yo hasta ahora nada de eso. Tengo casi 40 años y nunca he visto morir a nadie, otros a mi edad han visto morir gente en la guerra, en accidentes, a sus seres queridos, pero yo no. La muerte sigue siendo un gran misterio para mí. Como muchísimas cosas que aun lo son, como ver nacer a un niño, como la China, como el tamaño del universo, o la forma perfecta de decirte que me voy a quedar todavía un poco mas por acá, que las cosas van a estar bien, de alguna manera, que espero que estés bien tú, que también me acuerdo de ti, que lamento mucho no escribirte más a menudo, que espero que pase lo que pase no dejes que las putadas del día a día te amarguen la vida.
No sé qué más decirte por ahora, ¿cómo está el clima por allá?, ¿las perras están bien?, ¿quieres te mande una foto mía con una jirafa?, me alegro que tengas mucho trabajo en la peluquería, cuídate mucho, hasta la próxima, cariño...



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