El doctor había mandado a poner INternet sobre todo porque quería tener una tarjeta en la que pudiera poner su e-mail, tal como hacían sus amigos gringos y europeos. Y además porque le habían dicho que se ahorraba una barbaridad en faxes a larga distancia y cartas.
La dirección electrónica de su primera tarjeta con e-mail era:
"Francisco Vargas@ibm.net", con lo que lógicamente perdió un montón de correspondencia hasta que la tarjeta fue corregida a "francisco_vargas@ibm.net"
En ese entonces también, la IBM cobraba cerca de 30 dólares por 7 horas de Internet al mes, y 5 dólares por cada hora extra. Debo de confesar que con mi primera computadora personal, no pude evitar conectarme desde mi casa con la cuenta del estudio. A pesar de ser sólo un practicante de derecho, ya me las arreglaría yo, para embaucarle a alguno de los clientes, como Shell o Mobil esas horitas extra que me pasaba navegando noche a noche en mi casa.
Fue así como descubrí la Red CIentífica Peruana (RCP), de la que vagamente recordaba haber leído un artículo en los 80's -en la última página de la hoy fenecida sección "tecnología" de EL COmercio- de cuando empezaban a formarse y a tratar de investigar en los campos aún desconocidos -para la mayoría de seres humanos- de las redes digitales. Así conocí sus listas de interés, habían listas de tecnología, de matemáticas, de cine, de tv, de anime, de calabozos y dragones, de política, de pesquería, de agricultura, etc, etc, pero no había ninguna para hablar de literatura. Es decir, básicamente comentar libros, enviar mis cuentos y poemas y/o simplemente comentar los entretelones de esta adicción a las letras, que ahora he descubierto es una enfermedad que ataca a decenas de personas de lo más dísímiles, de todas las edades, profesiones, y barrios. Y con la falta que me hacía...
Así fue que robándole tiempo a mis estudios, a mi trabajo, a mi novia, y a mi mismo, me dediqué a formar la lista de literatura de la RCP. Entonces -no sé si aun será así- uno enviaba una carta a la RCP con el e-mail de cinco conocidos interesados en participar y contando las razones para querer iniciar una lista. En esa época no era como ahora que uno entra al Yahoo Groups y forma un grupo en dos minutos de lo que le de la gana. Para la lista de literatura tuve que hacer varias llamadas, y hablar con otras personas hasta que me la dieron. Y en términos generales, hasta ahora no tengo de qué quejarme, o no tenía, bueno confío que esto se arreglará pronto. El trato es claro. Ellos no me cobran, pero tampoco me pagan. Ellos no me exigen determinados contenidos, pero yo tampoco debo molestarlos mucho.
En la página Web hay un logo de ellos y en los mensajes de vez en cuando se los menciona. Lo demás es la relación que pueda tener con "el encargado o la encargada de listas" de turno. Y recuerdo a varios como a ANtonio CHoy, a Keiko Nakamura, a Yuri, y más recientemente a Rolando Guerra. Así es, la RCP no será perfecta, pero es nuestra. Y en el fondo me siento contento de que sea peruana. De que sea una empresa que proponga tecnología y contenido, y que esté constantemente en expansión.
AUnque a veces me pregunto. Cuál será el futuro de las listas de interés?, será claro para la RCP la necesidad de mantener a sus foros de discusión gratuitos?, se desarrollará de algún modo la tecnología de listas al punto de poder soportar algún día miles -actualmente somos 500 personas en la lista literatura- o millones de usuarios con un mismo propósito?, cuales son los servicios que se podría ofrecer más allá de lo que hay actualmente?, predominará siempre el contenido escrito?, existirán siempre empresas nacionales que ofrezcan los servicios web a sus usuarios, o algún día el mundo digital entero le pertenecerá a Yahoo-Geocities-HOtmail-AOL?, qué otros usos se les puede dar a las listas de interés para contribuir a mejorar la sociedad?
Bueno, este y otros electro pensamientos se me ocurrían ahora que chequeo y chequeo mi correo y no veo ni un mensaje de la lista de literatura, si me permiten con modestia, mi lista, aunque sé que algún día probablemente no pueda dedicarle más tiempo, y tenga que cerrarla o pedirle a alguien más que se haga cargo de ella, no sólo chequeando rebotes y esas cosas, sino procurando un ambiente en el qeu todo aquel que tenga una idea pueda expresarla, sin que se rían de él, todo aquel que quiera compartir algo, lo haga, sin esperar nada a cambio; todo aqeul que quiera aprender algo, que pregunte; y todo aquel a quien le moleste mucho algo... lo vomite. En otras palabras se haga posible esta pequeña utopía intelectual que el aparentemente frío espacio virtual nos permite.



1 comentario:
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