En el aeropuerto antes de salir no pude evitar hacer algunas fotos, pues me pareció muy simpático, tiré cerca de unas veinte, sin prestar mucha atención a un grupo de policías que estaban reunidos a la entrada. Ya me iba cuando se acercó uno de ellos, uno muy joven que me preguntó en francés que ¿por qué le tomaba fotografías a ellos?, yo, tranquilamente le contesté que no me había dado cuenta de su presencia, así que me dijo que debía mostrarle lo que había tomado. Entonces le enseñé las fotos y borramos a penas una o dos en las que aparecían ellos muy de lejos. Luego de asegurarse que tampoco los hubiese sacado en video, se despidió y se alejó.
Pero esa no fue la única que tuve con la policía esa mañana. Porque a la hora de embarcar, un rato después, resulta que me toca el mismo oficial que luego de mirarme bien me dice que me quite los zapatos y los pase por el scanner. Yo estuve a punto de preguntarle si sabía lo que me pedía, que llevaba ya casi 36 horas horas sin cambiarme de ropa interior, pero de algún modo intuí que no estaba el aceite en la sartén como para echarle agua fría, así que callé como una puta, e hice lo que me dijo. El joven oficial a continuación procedió a rebuscarme entre las medias y a manosearme los huevos como le dio la gana, y encima me preguntó que por qué me reía, joer, porque tengo las pelotas cosquilludas, no te jode? Así que cuando hubo terminado, simplemente me hizo una seña rápida para que siga mi camino y se dió media vuelta como si nada hubiera pasado. Yo salí de ahí cabizbajo y pensando, "Vaya país este carajo". Ni siquiera me dejó su teléfono el muy hijo de puta.



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