domingo, marzo 27, 2011

Entonces el cielo se oscureció. Todos corrimos espantados porque sabíamos lo que iba a pasar. Algunos llegaron sanos y salvos hasta el río. Otros no. El enemigo natural de la bestia: el agua de la lluvia que baja de las montañas serpenteando el monte. Lástima que los humanos no supiesen cual era el secreto de su enemigo. Al igual que ellos, muchos de los animales sufrieron en carne propia las consecuencias de su orgullo. Cuerpos destrozados, por doquier señalaban el camino de vuelta al infierno.


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